El Proceso o la imposibilidad de los cuervos

Los cuervos afirman que un solo cuervo podría destruir los cielos. Incuestionable es la cosa, pero no prueba nada contra el cielo, porque el cielo significa precisamente la imposibilidad de los cuervos.

F. Kafka.

Auden llamó a Kafka el Dante del siglo XX. Era un escritor que escribía continuamente y con dedicación, pero en sus historias y novelas no sucede nada explicable y éstas, aunque terminadas, podrían ser consideradas perfectamente fragmentos. Los diccionarios adoptaron el término “kafkiano”: el DRAE lo define como “Dicho de una situación: absurda, angustiosa”, y algunos consideran sus historias surrealistas. Pero no hay nada de surrealista en Kafka, pues sus descripciones son “naturales” y “normales”. Lo demás, la angustia, el peligro inminente, está siempre ahí. Sus historias, además, están repletas de humor, gracias al manejo extraordinario de la ironía. ¿Acaso no es la historia de K., vista desde una perspectiva más alejada, una comedia? Mientras en La metamorfosis es su familia el centro de su crítica y desazón, en El proceso es el aplazamiento de su boda con Felice Bauer, y es un ejemplo de cómo la vida y la literatura se cruzaban en Kafka. A medida que iban sucediéndose los acontecimientos en su vida, los iba plasmando en la novela, que incluso sin terminar tiene un orden lógico y no carece de cierta unidad.

La obra de Kafka se ha definido con frecuencia como una fenomenología de la muerte, como una “tanatología”. Y, ciertamente, en la mayoría de sus relatos y novelas aparece el tema de la muerte con un protagonismo obsesivo, ya sea como telón de fondo o como el final inexorable al que tienden los personajes. En Kafka encontramos, por esta razón, una de las más ricas imaginerías de la muerte en la historia de la literatura. Su acercamiento a este problema se realiza de un modo simbólico: la muerte, aunque se produce frecuentemente con una vulgaridad y banalidad terribles, supone un tránsito que conduce a la liberación. Así, la muerte va a mantener cierta trascendencia mística. Para Josef K., en El proceso, la muerte supone el final de una existencia angustiosa.

En su obra, la muerte no ofrece ninguna respuesta al hombre, su significado es un “dejar-de-estar-vivo”. Por esta razón, Wiebrecht Ries la opone acertadamente a la muerte de Iván Ilich, en la obra homónima de Tolstoi, en la cual la agonía forma un proceso continuo con el acto de morir y con la transformación de la muerte en luz. Así pues, la muerte en la obra de Kafka ofrece una imagen ambivalente, fruto de las mismas convicciones del escritor. En sus Diarios y en su correspondencia leemos que para Kafka la muerte no suponía un trauma, más bien era un fin anhelado. Su miedo no tenía por objeto la muerte, sino el morir, sobre todo el dolor que acompaña al morir. En una carta escrita a Milena: “¿Te asusta pensar en la muerte? Yo sólo tengo un miedo horrible al dolor… Por lo demás, uno se puede aventurar a la muerte”. Sin embargo, este deseo de morir desencadenaba a su vez un pánico generado por la conciencia de esa voluntad autodestructiva, lo que le impulsaba a plasmar en sus escritos sus anhelos de muerte, algunas veces envueltos en una atmósfera onírica, en el que las fronteras entre la muerte, el sueño y la vigilia quedan indefinidas.

Estoy de acuerdo con Harold Bloom cuando afirma que Kafka “no tiene esperanza, ni para él mismo ni para nosotros”. Sólo podemos atisbar lo que Kafka pensaba de sí mismo en sus Diarios: pero Kafka era un escritor que nunca dejaba de serlo, por lo que no carecen de su sutil ironía. ¿Debemos creerlos a pies juntillas? ¿Son los pensamientos secretos verdaderos? Kafka es un escritor hermético; sus textos se ríen de las interpretaciones de los críticos, y dudo que fuera un hombre que escribiera exclusivamente como terapia: amaba la literatura por sí misma.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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