La crítica benévola: Jonathan Littell
Cuando uno comienza la lectura de Las benévolas, de Jonathan Littell, y lee en la contraportada de la edición de RBA, 2007, a Vargas Llosa alabando la estremecedora historia, imagina que se mecerá en una novela de alto voltaje.
Y lo que uno se encuentra es la necesidad de un anexo para poder entender, salvo si el lector domina con fluidez el alemán, el tsunami de términos (AOK, HIWI,VOLKSDEUTCHEN, etc.) que se diseminan por la novela.
El día de Nochebuena, la Ortskommandantur invitó a los oficiales del Sonderkommando a una recepción…
Y entonces te diriges al anexo para averiguar, en una tabla de más de veinte términos según sea la SS, la Wehrmacht o la policía, la equivalencia con el ejército español, y al glosario de términos para averiguar si estamos hablando de una Comandancia, un Departamento o vete a saber qué.
Interrumpir la lectura hasta memorizar los términos se hace indispensable; las 979 páginas de la novela ayudan a esta ardua tarea. Y también ayuda, en efecto, a dejarla de lado, y a retomarla hasta que concluirla se hace una tarea rutinaria.
En cuanto a la novela, disiento de Semprún, que la citó como hito novelístico del siglo. La historia es interesante, está bien construida y es adictiva. Pero no hasta el extremo con que la define Semprún. Es una novela que no quedará en la memoria, pues en el corpus de lecturas, dentro incluso de esta misma temática, es una novela destacable pero poco más.
Tiene pasajes conmovedores y muchos otros abominables -por la acción que sucede en ellos-. No desaconsejo su lectura porque no es un bluff ni pura campaña mediática. La novela se sotiene y muy bien. Dicho esto, vuelvo a mi sensación original: ¿porqué no tradujo directamente el editor los términos en alemán? ¿Por respeto al manuscrito original? Supongo que el editor de Littell decidió que era pertinente mantener este ardid léxico para otorgarle un “aire” de contexto histórico más realista.
Sin embargo, no necesité nunca leer el glosario de La naranja mecánica -en la edición de Salamandra- para entender que los drugos eran sus amigos; o que la filosa era una navaja. Lo que me lleva a la conclusión de que Littell no es Burguess, de momento. ¡Cada año nace una nueva novela del siglo, y a este paso tendremos cien novelas por siglo, todas maravillosas!
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