Quemar libros

A propósito de «La literatura y el mal», de Bataille, leo un interesante ensayo sobre Kakfa que comienza así:

«Poco después de la guerra un semanario comunista (Action) abrió una encuesta sobre un asunto inesperado. ¿Es preciso quemar a Kafka?, se preguntaba. La pregunta era tanto más disparatada cuanto que no venía precedida de aquellos que deberían haberla introducido: ¿hay que quemar los libros?, o en general ¿qué libros hay que quemar».

Es inevitable que llegue a tu mente la novela distópica Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, donde se nos muestra una sociedad avanzada en la que interesa que sus habitantes vivan en la más absoluta ignorancia con el propósito de que el poder pueda manipularlos a su voluntad; a los que se oponen les consideran rebeldes, peligrosos o subversivos.

Luego de mucho meditar, dudo que el final de una creación literaria, por nefasta o pésima que sea, esté en ser consumidos por las llamas a 451 grados Fahrenheit, como fin último. Ni siquiera aquellos libros manipulados, maniqueos, que rigen bajo una dirección determinada y determinista, cuyo interés es crear falsos paraísos o derrocar viejos planteamientos. Solo tengo que imaginar los libros de texto de las dictaduras a lo largo y ancho del planeta, o ir a referencias tan obvias como la propaganda nazi en la Alemania de mediados del siglo pasado.

¿Para qué pueden servir? ¿Es útil lo desechable? Sí: para que conste que, alguna vez, se creó, y dar fe de que existió, que nos equivocamos, y que solo bajo la presencia podemos introducir diferencias, porque del no-ser no se puede obtener ninguna comparativa de la que sacar aprovechamiento.

Decía Wilde: «toda mala poesía es sincera». Y bueno, guardemos toda esa sinceridad bajo llave pero tengamos la llave junto al resto. Aunque sea para recordar que, alguna vez, ese bodrio fue escrito.

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

2 Comentarios

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  • ¿Siempre es posible determinar que un libro es un bodrio?

    ¿Es el tiempo y las generaciones los que pueden determinar su impronta cultural?

    Cuando se trata de visiones de la calidad de un libro a corto plazo…
    ¿Que juzgan los jueces?

    ¿Quien juzga a los jueces?

    ¿Es todo tan claro como lo pintan?

    …»toda mala poesía es sincera»

    ¿Esta siempre claro que una poesía es mala?

    ¿Que le sucedió a Nietzsche?
    Autopublicó algunas de sus obras…
    ¿Por qué?
    ¿Puede diferenciarse un buen artísta de un loco?
    Y
    ¿Puede diferenciarse a un filósofo de un loco?

    ¿Que es la locura?

    No será que el arte tiene algo de locura.

    Me estoy largando del asunto…ufff.

    Sr. Jules…
    Que cree el que quiera porque en la creación de la obra , cuando implica placer, esta la clave.
    Lo demás viene, o no, por añadidura…
    ¿Quien no se ha enamorado de un proyecto que ,al final,no cuaja?

    Si asi sucede…¿Quien te quita la ilusión?
    .-= Último artículo del blog de Alberto Real… El "proyecto esperpento" me da insomnio =-.

    • ¡Hola Alberto! En primer lugar, gracias por tus comentarios. En cuanto a tus preguntas, interesantes, tengo muy claro que es más fácil determinar cuándo una mala poesía lo es, porque salta a la vista inmediatamente. Y creo que el paso del tiempo pone a todo el mundo en su sitio: a los malos que parecieron buenos y a los ignorados que sí que lo eran.

      La ilusión fabrica textos, pero no creo que el producto de la ilusión sea una obra de cierta calidad. No obstante, sin ilusión no hay nada, porque no se puede crear nada que valga la pena sin ella.

      ¡un abrazo! 😀

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