¿Crisis? ¿What crisis?

Esto debieron decirse los banqueros en España, que no han salido a hablarnos de lo protegidos que están nuestros ahorros. Cóbrennos por mantenimiento de cuenta (por cuidar nuestro dinero, que le cedemos alegremente), por prestarnos dinero (para poder pagar las hipotecas de las constructoras que ustedes financian), por enviarnos detalles de operaciones (porque sacar dinero del cajero para comprar el pan incrementa el costo del pan), por atendernos como si nos hicieran el favor… Imagino un día apocalíptico en el cual, mediante acuerdo telepático, nos aunamos a sacar, el mismo día, todo el dinero de nuestros ahorros.

Si me hago banquero, es para ganar dinero. ¡Y que nadie ose rechistarme! Yo hago un bien social: deberían agradecérmelo. Creo fundaciones y concedo becas, con los beneficios de usar el dinero que depositan en mi banco invirtiendo en mi empresa. Y mantengo el orden mundial. Orden.

Uno de mis últimos logros fue el dinero de plástico: invento un medio por el cual el dinero se queda conmigo. Yo a usted, en vez de darle un papel firmado con mi garantía, le doy una tarjetita (por la que le cobro anualmente) que le garantiza sacar. Para usted es más cómodo; y para mí, conveniente.

Y le digo: es cierto que el último trimestre previo a la crisis había obtenido, yo y mis socios farmacéuticos, pretroleras y materias primas básicas, los mejores dividendos de los últimos años. Hay crisis porque, ahora, no gano lo que ganaba antes e, incluso, pierdo. ¡No es nada justo! Mi sueldo, además, no depende de mí, sino del consejo directivo, contratados por mí y mis asesores para que sean justos y hasta cierto punto cínicos conmigo.

Ser banquero, ven, es una profesión de riesgo. Sé, positivamente, que el estado psicológico del consumidor, en este capitalismo que adjetivan de salvaje o neocapitalismo, es definitivo. Si él cree que todo va bien: compra. Si va mal, no compra y lo poco que tenga lo vende. Y si vende la ganancia no me alcanza. Hay que hacerle creer que existe seguridad, revertir la situación: que los gobiernos nos ayuden. ¡Qué menos! Financiamos sus deudas (y las de sus partidos políticos, que se las perdonamos porque a cambio deben ser consecuentes con nosotros), nos reunimos en campos de golf y grandes hoteles para gestionar no ya negocios, sino el mundo. ¿Qué mundo queremos? No tengo siquiera que plantear la cuestión a terceros, ni votaciones ni referéndums. Entre mi conciencia y la de mis allegados se decidirá lo que toca.

De joven, sentado en mi habitación, escuchaba un disco de uno de las mejores bandas de música pop de todos los tiempos: Supertramp. Aprovechando el recuerdo, estaba yo anudando mis zapatos de golf en el prestigioso club social del que soy secretario, y me encontraba con un atolondrado ejecutivo, un yuppie ecologista, preocupado por las pérdidas de la reaseguradora en la que trabajaba. Le miré con la mirada complaciente de un padre al hijo descarriado y me sonreí mientras le decía en mi inglés de curso a distancia de los años ochenta: ¿Crisis? ¿What crisis?

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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