La ansiedad de escribir

Uno puede ponerse a escribir porque sí, sin guión previo. De repente, una historia o un suceso viene a nuestra imaginación. Una idea o una anécdota que puede concretarse en un microrrelato, o bien una gran historia de la que resulte una novela de trescientas páginas.

Pero, ¿qué sucede cuando uno desea escribir y no tiene nada que contar? ¿Cuando tiene el impulso y el deseo, y se encuentra en un estado infértil? Te pones frente al papel o el procesador de textos, y piensas y meditas y le das vueltas a mil cosas y no sabes sobre qué escribir. Como estás impaciente, y algo cabreado por la falta de imaginación, escribes cualquier cosa, de un tirón, por desafiar.

Más tarde comienzas las correcciones. Vas a otra cosa, y al cabo de unos días abres de nuevo el procesador de textos o bien recuperas esos folios. Y te das cuenta que, por más que lo corriges, allí no hay nada. Tan sólo una serie de acontecimientos, una serie de pensamientos o reflexiones, más o menos estructurados, con un estilo determinado, en primera o tercera persona, y que no hay forma de dar vida. Porque cuando uno no pone pasión en lo que escribe no encuentra nada. No existe el germen.

Y así uno aprende. Entonces, se dice en voz alta: ¿para qué escribir por escribir? Lo realmente interesante de la escritura es la certeza del acto. Si no, falsea el proyecto, el resultado es una máscara de aire que se diluye y que no engaña a nadie: sobre todo, a uno mismo.

¿Qué decir de esos escritores que se «obligan» a escribir algo diariamente, o de quienes tienen un «sistema» por el cual producen páginas a diario? La escritura es oficio y requiere de práctica contínua, como todo arte o tarea. Lo malo que tiene la escritura es el desengaño del resultado: nosotros habíamos imaginado algo más hermoso y trascendente que aquello que resultó, y sin embargo nos conformamos para no sucumbir a una reescritura perpetua. Algún día hay que acabar lo que se empezó. Pero a quienes les funciona el esfuerzo les felicito. Me es imposible.

Entonces, encuentro en la escritura una analogía de la naturaleza: nace, crece, se desarrolla y muere. Tal vez por eso escribimos en papel.

¿Pero quién calma el ansia entre hojas, durante las que pueden transcurrir (según la gravedad) días, semanas, meses, qué sedante calma la espera angustiosa entre texto y texto?

Yo no puedo escribir por escribir, no entiendo que un folio se llene de caracteres por el hecho de practicar. La práctica debe existir en el propio proceso pasional que resulta de contar la historia que se esconde y que todavía no ha reconocido y que brota en el proceso de escritura. Toda una vida no da para contar lo que desearíamos, nuestros descubrimientos como exploradores de la vida que transcurre a nuestro paso.

Así que esos instantes de vacío son aún doblemente angustiosos: por un lado, al encontrarnos secos, sin savia nueva corriendo febril por las venas, en un estado impotente. Por otro, la angustia de que ese tiempo que pasa ya es irrecuperable, perdido en un limbo de hojas sucias y muertas que no tienen nada que contar.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

7 Comentarios

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  • Es cierto, me quedo con el tercer párrafo porque me hizo reflexionar tan crudamente y me ayuda a cuestionarme sobre lo que estoy haciendo…a veces no hay nada…y pobre de mis lectores. Tendré en claro tu consejo.

  • Te doy la razón parcialmente. Es cierto que uno debe sentir la viveza de algo para poder transmitirlo. Pero también me ocurre que sentimientos o sensaciones pretéritas, de las que no soy consciente cuando escribo, toman el papel. Por otro lado, si uno se queda esperando sentirse especialmente motivado, se dará cuenta de que ese momento puede no llegar… Concluiré diciendo que las emociones o pensamientos que transmitimos tienen que haberse dado pero no necesariamente cuando escribimos. Ignoro hasta qué punto la mente bate, guarda y expresa lo que hubo y, pese a todo, sigue estando.

    • @Fran: Parcialmente es mejor que nada, jaja. Creo que el escritor debe haber sentido, o poseer una gran capacidad de empatía y genio, para recrear sensaciones que no posee porque es imposible vivirlas todas en una vida, o al menos debe ser muy complicado. Cuando escribimos, pienso que hay que escribir en un estado neutro, posterior a la emoción, porque la escritura es analítica, tal y como yo lo veo. El espíritu de tu comentario lo compartimos muchos, aunque siempre en estos asuntos de escritura, tan personales, cada uno lo viva y exprese bajo su forma y tenga su visión porque lo vive, repito, de forma concreta, pero creo que la base es común de una forma también amplia. 😀

  • Hay algo de razón. Escribir es pasión, aunque puede ser terapeutico, escribir es raciocinio o dinero, escribir es algo más, que letras, es algo más que decir léeme aquí sigo. Todo depende de la intención del escribano.

    Pd. 1 – También pobres de mis amigos que leen mi blog, pero creo son los únicos que pueden soportarlo. Ja.

    Pd.2- Julio esa respuesta que has dado a FRAN me sabe a un «sí , pero no »

    Buenas entradas. Saludos cordiales.

    • @Anie*: Si no dejas en la casilla de blog tu dirección no puedo visitarte, o déjamelo en un próximo comentario. Los amigos están para los sacrificios, eh, qué tal, así que dichosos de leer tu bitácora. En el punto dos, ¿qué comentario te refieres? Yo contesto con rotundidad si hace falta. Saludos cordiales desde el Atlántico. Y un beso. 😀

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