Capítulo II. El escritorio de Patri-San

He mirado las estadísticas de mi blog y sólo he tenido 2 lectores de mi primer capítulo: mi novio -sólo faltaba, del que he borrado su comentario porque era demasiado parcial, aunque es un lindo- y yo desde el portátil de mi hermano mayor, para que registrara otra IP y me constara como visita. ¡Aish!

Pero no me pienso desanimar. Antes de comenzar con los cibercrímenes, tengo que situar mi entorno en su justa medida. Vamos, lo que sería mi escritorio.

Del escritorio de Patri-San ya hablé en el capítulo anterior -salvo de mis amigos, que irán apareciendo según vayan interviniendo en la investigación del cibercrimen-. ¿Quieres saber de la vida de Patricia R.M?

¡Cotilla! Mi padres están separados -somos la clásica familia desestructurada, lo dimos en clase el trimestre pasado-, pero viven juntos. Es una especie de tregua en periodo de guerra. Como mi padre está en paro y mi madre trabaja, han llegado a un acuerdo por el cual él se encarga de la casa y mi madre de traer el dinero. Pero, como siempre, de la teoría a la realidad hay un trecho largo: Firefox no va mejor que Safari, que, además, es nativo, por más que tenga más usuarios. Mi madre trabaja el doble, supervisando el desastre que es mi padre en la casa. Le pone voluntad, y creo que en el fondo trata de reconquistar a mi madre, pero lo hace fatal. Alguna vez me da tanta pena que le insinúo cómo podría mejorar algunas cosas. Se queda más parado que la descarga del Ares, con los ojos más abiertos que los de un cherne. Sólo le falta tomar notas. Cuando acabo de explicarle, me voy a mi cuarto con la cabeza alta y siempre se me escapa un ¡aish! que creo que le rompe el alma. Donde ya no le puedo ayudar es en la comida, donde es un desastre. Mi especialidad está en comérmelo todo sin dejar apenas rastro.

Lo admito. Soy una comilona. ¿Sabes la energía que gasto atendiendo mi blog, devolviendo retwitts, enterándome de todo via Adium, visitando la blogosfera, compartiendo mis pensamientos y necesidades al milímetro? Prácticamente no hay pensamiento que no comparta. Por todas estas razones, necesito que me ceben al menos cuatro veces diarias, y es innegociable: desayuno, almuerzo, merendola y cena. Los domingos chantajeo a mi madre durante los primeros diez minutos del desayuno, donde, como ella misma dice: “por las mañanas estoy más para allá que para acá”.

-Mami -digo remolona, estrujándola con la intención de no separarme jamás hasta que me diga lo que yo quiero-, ¡hoy cocinas tú!, ¿no? ¿Eh?

Necesito comer bien al menos una vez por semana. Mi madre es consciente de que a mi edad todavía podría coger unos centímetros de más, lo que me daría más chances en mi vida sentimental. Lo malo de los novios es que les gustas igual, aunque hubieras tenido diez centímetros menos o dos tallas más de pantalones, así que mi madre vigila por mi futuro. Una mujer no debe perder la perspectiva, jamás. Como debe ser.

Y hasta aquí todo lo reseñable e interesante de mi vida familiar, salvo del subnormal de mi hermano mayor, que es tarado y poco más tengo que añadir.

Besos.

Patri-San.

Postdata: @retwitteo: ¿Acaso hay algo más triste que compartir tus propios posts a través del GReader?

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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