Las mujeres de mi blog. 1ª parte.
Todo comenzó de la manera más absurda que se pueda imaginar, Spellman. Yo era un novato de las redes sociales. Mi vida ya era bastante aburrida, y me refugié en esta droga de los tiempos que vivimos. Sí, tiene razón, ya había probado todas las demás, y me aburría.
Al principio, me alisté a un lugar llamado Twitter. ¿Ridículo, verdad? Sí, yo también me sonreí con ese nombre. Parecía más adecuado para el enano del circo. “El hombre bala: el pequeño Twitter”.
Como iba aumentando el número de gente que conocía, abrí un blog. Me desnudé, lo reconozco. En parte, era una estrategia para seducir mujeres. No se ría, Spellman. Les contaba lo que querían oir, pero haciendo que fueran ellas las que lo descubrían. El número de visitas a mi blog y de contactos en mi Twitter subieron como la espuma. Y lo más intrigante: casi todos los nuevos seguidores eran mujeres.
Cometí el error, Spellman. ¿Qué hubiera echo usted, eh, dígame? No se ofenda, pero con esa calva, la montura de las gafas de hace cuatro temporadas y ese aire de solterón… No se ponga a la defensiva. Si yo antes era como usted… Hasta que cambié.
Dejé que ellas se insinuaran, claro. Eso las vuelve más locas aún; saber que me mantengo distante. Al principio sus preguntas eran sutiles. Se nota esto… Se diría que piensas aquello… Pero, en mensajes privados, que aumentaban de forma exponencial con el paso de las semanas, ya se intuía cierta desesperación. De acuerdo, llámelo curiosidad exacerbada.
Seguro que tienes los ojos azules… Tienes toda la pinta de ser bajito… Creo que eres un pillín… Seguro que tienes muchas novias… Y claro, yo dejaba sin contestar las preguntas… Se enfadaban, claro… Pero eso les excitaba aún más… Vale, Spellman, les daba curiosidad. ¿Me va a reescribir toda la historia?
Entonces sucedió algo inesperado. Unos días antes de cometer el gran error, abrí un videoblog. Salía mi sombra a contraluz reflejada en la pared, y se veía mi boca moviéndose y la nuez arriba y abajo como un yoyó. Hablaba de cualquier cosa, y siempre dejaba un saludo para mis seguidoras. Escribí una lista para no olvidarme de ninguna. Eran tantas que al final decidí generalizar: “gracias a todas por seguirme, solteras, casadas, divorciadas, separadas y con niños incluídas”. ¿Qué Spellman? Bueno, es que verá, las que tienen pareja, niños o acaban de separarse creen que se merecen un trato especial porque arriesgan mucho más que esas zorritas solteras, me decían en sus apasionados correos.
El caso es que no las creí capaz. Paulatinamente, me fueron enviando vídeos cada vez más insinuantes. Y acabé con la webcam, Spellman, agotado de que me preguntaran si tenía. Eso sí: sólo mostraba mi sombra en la pared. No, no es difícil, con teclado inalámbrico va todo como la seda… El sexo activa la imaginación, Spellman.
Al principio, claro, disfruté: ellas sólo podían ver mi… bueno… eso, reflejada su sombra en la pared. Pero les encantaba ese misterio. Luego se tornó en obsesión, Spellman, si le contara… ¿Qué le pasa, Spellman? ¿Tanto calor hace? Jaja. Tranquilo, hombre. Ya le pasaré alguno. ¿Sigo?
Cada vez hacían cosas más extrañas y bizarras, y al final, como soy un blando, me mostré de cintura para abajo. Los halagos no se hicieron esperar. Qué maravilla, qué delicia, ¿siempre te la depilas?, me lo regalas, ¿verdad?, qué ganas de estrujar… me encanta lamer… La capacidad de guarrear de una mujer es inversamente proporcional a nuestra madurez emocional, Spellman, hágase cargo de lo que le digo…
Mi novio no está, comenzaban algunas, ¿qué quieres ver? Tengo los niños con la suegra, decían otras, mira el juguetito que me compré para nosotros… Ayer fui a Boysho y mira qué conjuntito más mono de vaquitas… ¿o te gusta más sin el conjuntito? Luego ponían caritas en el vídeo -algunas eran muy sonrojantes- y comenzaban su espectáculo… Y hacía así y se quitaba el tirante del hombro, y luego pasaba sus manos por dentro…
¡Aagh! ¡Quieto, Spellman, me está asfixiando, suelte las manos de mi cuello! ¡Aagh! ¡Spellman, contrólese! ¡Dios! Pero bueno, ¡que sea la última vez! ¿Me oye bien! ¡Si no puede controlarse, márchese de mi despacho inmediatamente! ¡Le recuerdo que soy su jefe y Director del Departamento de RR.HH.!
Spellman, sé que soporta mucha presión. Tranquilo. Tome un pañuelo. ¡Y deje de temblar, por Dios! Ya le he dicho que le pasaré los vídeos. ¿Me oye? ¿Quiere las fotos también? ¿Sí? Asienta con la cabeza. De acuerdo. Y de paso, las fotos, ¿me oye? Sí, claro, las fotos de todas ellas en posturas inverosímiles, se dirían que todas hicieron ballet o actividades relacionadas.
Bueno, Spellman. He aquí el momento crítico. ¿Conoce a Simple Minds? ¿No? Qué oye usted. Mejor no me lo diga. ¿Falete? Joder, Spellman, ¿eso es lo que le pone a las chicas cuando las lleva en el coche? No me niegue con la cabeza, Spellman, me juego mi coche a que lo hace. ¿No? ¿Entonces? ¿Camela? Joder, Spellman. ¿Cuántas pasan de la primera cita? ¿Ninguna? ¿En cuántos años? ¿En siete? Me está usted engañando. Mire que soy su jefe y su director de… Vale, vale, le creo. ¡Señorita Lea, me oye! Pase a mi despacho y tráigame un vaso de agua para Spellman. No espere, agua no. ¿Qué quiere Spellman? Tráigame un whisky doble con mucho hielo. Y para mí un Red Bull.
El caso, Spellman, es que me llegó un vídeo anónimo al correo. La canción de fondo era Don’t you, aquel hit de Simple Minds de los ochenta. La que canta Coldplay como si estuvieran operándole las hemorroides. En el vídeo sale, claro, una mujer. No reconozco su voz. Creo que la cambia adrede; sólo la puedo ver de cintura para abajo. Lo que me hace esa mujer es una barbaridad tal que no me atrevo a contarle, Spellman. Jamás ví aberración semejante. Y claro, me excité como nunca.
Le envié un correo preguntándole quién era y si habíamos “conversado” por la webcam. Lo negó. Sólo me dijo que solía comentarme en el blog y seguirme en el Twitter. Le pregunté dónde vivía.
¡En nuestra ciudad Spellman! ¡Vive en mi puta ciudad! Perdóneme que lo haya zarandeado así, ha sido un arrebato impropio de mi cargo de Director… y todo eso. En fin Spellman, qué quiere que le diga.
Pasé noches soñando con ella. En cada comentario de mis seguidoras, buscaba frases que la delataran. Pero era muy ladina. No quería dejarse atrapar. La consecuencia fue funesta; ya apenas mantenía cinco minutos los juegos con las otras. Decepcionadas, me insultaron salvajemente y dejaron de seguirme. Mi blog y mi Twitter padecieron una plaga de cadáveres. Triste, verdad, Spellman. ¡Señorita Lea, viene ese Red Bull! ¡Que mañana reconquistamos Córdoba! En qué pensaría cuando la contraté… Ya sé, Spellman, ya sé, en su preciosas nalgas… Qué me va a contar…
En fin, que perdí el control. Me envió un segundo vídeo. Le mandé mi número de teléfono privado. Luego el del trabajo. Mi dirección de correo. Le relaté dónde vivía, qué lugares de ocio frecuentaba, a qué horas iba al cine, toda mi vida, ¡toda!
Spellman, no se duerma, coño. ¡Hombre, Lea! Muchas gracias, por fin. Ya puede darse la vuelta y por favor, no estoy para nadie, ni Spellman. Gracias.
¿Ha visto Spellman, cómo se mueven esas nalgotas venezolanas en sus vaqueros? Me pone enfermo. En fin, a lo que íbamos. Semanas más tarde, cuando había perdido toda esperanza, llega un nuevo vídeo. En él aparecía mi musa misteriosa con un hombre, pero seguía con el rostro oculto. Dijo que era un amigo. Puso la cámara en primer plano, con sumo cuidado de que no viera por encima de su nariz, y la vi deleitarse como a ninguna otra. Sé que es morena. Amaba lo que hacía; la delataban sus gestos. Acabé antes de que terminara el vídeo. Spellman, puedo soportar muchas cosas, pero le estoy viendo rozarse la mano con la entrepierna, no sea cerdo y compórtese.
Hace dos días quedamos para vernos.
Don’t You (Forget About Me)
Hey, hey, hey ,hey
Ohhh…
Won’t you come see about me?
I’ll be alone, dancing you know it baby
Tell me your troubles and doubts
Giving me everything inside and out and
Love’s strange so real in the dark
Think of the tender things that we were working on
Slow change may pull us apart
When the light gets into your heart, baby
Don’t You Forget About Me
Don’t Don’t Don’t Don’t
Don’t You Forget About Me
Will you stand above me?
Look my way, never love me
Rain keeps falling, rain keeps falling
Down, down, down
Will you recognise me?
Call my name or walk on by
Rain keeps falling, rain keeps falling
Down, down, down, down
Hey, hey, hey, hey
Ohhhh…..
Don’t you try to pretend
It’s my feeling we’ll win in the end
I won’t harm you or touch your defenses
Vanity and security
Don’t you forget about me
I’ll be alone, dancing you know it baby
Going to take you apart
I’ll put us back together at heart, baby
Don’t You Forget About Me
Don’t Don’t Don’t Don’t
Don’t You Forget About Me
As you walk on by
Will you call my name?
As you walk on by
Will you call my name?
When you walk away
Or will you walk away?
Will you walk on by?
Come on – call my name
Will you all my name?
I say :
La la la…
[email_link]
Uy Julio esto se pone emocionante…no tardes que yo no soporto la intriga…jajaja, me gustó mucho esta entrada, muy entretenida y original, desde luego lo que no se te ocurra a ti, no se le ocurre a nadie..espero la proxima entrega pronto eh? :p
Un besete!
.-= Último artículo del blog de pili”cuchillita”… "UN PREMIO Y HASTA SIEMPRE" =-.
@Pinkyrancher: perdone usted, los que escribimos tenemos licencia para inventar, casi como James Bond 😀
@Pili: No, si ya estoy escribiendo el otro, quiero hacerlo por partes, lo que no sé son cuántas, cuando se me ocurra un final que me guste supongo. Recuerdos a Spellman. 😀
@Reina: y son para escribir, y eso hago yo, escribir, lo que sea, pero practicar… 😀
:worried: qué barbaridad!!!
estaré al pendiente de la 2da. entrega… X(
.-= Último artículo del blog de Pinkyrancher… Blogs de México =-.
Uyyyyy!!!! Y yo que creía que los blogs sólo eran para escibir!!!! Jajajjaja!!!
Me ha gustado mucho tu forma de redactar y de relara; gran sentido del humor.
🙂 Reina
.-= Último artículo del blog de Reina… El día después =-.
Me ha encantando la primera parte, casi que sigo con las otras dos, eh? Saludos
.-= Último artículo del blog de Pharpe… Pharpewebs – Capítulo 1 =-.