Metareality: Gran Hermano

Empezó una nueva edición del famoso reality internacional Gran Hermano -¿realidad?- y la dirección del programa, en aras del respeto a las normas del programa, decide expulsar a dos concursantes.

¿Porque han sido violentos?

¿Han lanzado exabruptos racistas?

No: por tener sexo y comentar la de dinero que iban a ganar cuando salieran del programa; la de comentarios que suscitarán en este o aquel programa de debate sobre Gran Hermano; que iban a salir de allí de ronda por los programas de la cadena, que se retroalimenta a sí misma con estos contenidos.

Sale a la palestra Mercedes Milá, una periodista que en sus comienzos, y ya en su edad madura, fue considerada una periodista de esas capaces de afrontar entrevistas “difíciles”, de esas que llaman a las cosas por su nombre, de las que dice lo que otros no se atreven a decir. Salvo que le pinten la cara y Paco Umbral le exija hablar de su libro.

El caso es que el éxito televisivo no solo crea posiciones de poder sino, aún peor: que determinados periodistas se creen con derecho a juzgar este o aquel comportamiento según una escala de valores propia y que consideran extrapolable al resto de la humanidad.

Nada me molesta más que las monsergas. Pero que salga una presentadora de digna enarbolando la bandera de la sinceridad, presentando un panfleto sobre las normas del programa que debe ser más importante que el código civil, y acusando a dos concursantes -esto es, participantes de un concurso televisivo, nada denigrante pero “es lo que es”, que diría el otro- de actuar de forma falsaria… ¿Y cuando un concursante toma una estrategia concreta que compete a una forma de actuación determinada, no engaña “al programa”?

Qué concepto es éste novedoso de estos tiempos en los cual un concursante puede engañar a un programa. Si se frotan las manos con cada drama o comedia que sucede en estos realitys. De hecho, hoy comenzó el programa -de ahí este artículo- con el drama en todo lo alto: hay que “enganchar” a la audiencia -un término incorrecto, porque la audiencia es el conjunto de televidentes- desde el principio, sin medias tintas, a lo Alatriste, con los hígados.

Porque el ataque de dignidad que padece la presentadora no le ha permitido admirar la belleza de las declaraciones de los concursantes que, por cierto, son llevados, insiste la presentadora, “en coches separados”, como delincuentes. ¿Y les llevará en una furgoneta la antigua guardia civil para fusilaros en un descampado?

¿Qué belleza?, se preguntarán ustedes. Pues la de decir en voz alta lo que se calla tras el engaño óptico que supone un millón de lentes que crean una realidad artificiosa e hiperbólica: la de hacer metareality, esto es, habla de lo que es el sentido de este tipo de programas ¡dentro del programa! Y cuál va a ser, si no: ganar dinero, ¡para que iba a ir un ciudadano a la televisión!  -sí, la fama inmediata, etc., pero eso va con el medio-.

¿Hay que disfrazarlo de otra cosa?No daré consejos porque no toca: pero un buen periodista debe saber que hay una fina línea entre su profesión, dignificarla, y lo que es “otra cosa”. 😀

P.d: el debate sobre qué hago yo viendo la bazofia esta lo obviamos, ¿no? Como me confesó una buena escritora, periodista, curadora (en exposiciones de arte, por aclararlo) y amiga mexicana: cuando estoy a solas frente a la tele… ¡soy fan de lo peor! 😀

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

20 Comentarios

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  • Por debajo de ese programa, que deploro y me hace sentir verguenza ajena, hay exclusivamente una cosa: dinero. El error de estos concursantes fue decir con palabras lo que el cinismo y las pesetas (euros)- quiere que callen. Que no hay nadie ahí, salvo que sea un enfermo que necesita que le vean sentado en la taza del váter para sentirse importante, que no esté por pasta. Psssss psssss.

    • Se puede decir más alto, pero no más claro. Si lo sé resumo el artículo con tu comentario, pero claro, no me quedo a gusto sin decir lo que pienso de los periodistas que se sienten referentes éticos como Milá. Está claro: o taza del váter, o dinero. 😀

  • Hace unos día comentaba en un blog amigo sobre la doble moral de algunos periodistas. Pero bueno, cuando a raíz de x acontecimiento en el Gran Hermano quiere venir alguien a darte sermones sobre lo bueno, lo malo, lo decente y lo indecente esas son palabras mayores.
    Además los chicos no han hecho más que decir algo que todo el mundo sabe, porque creo que no lso sacaron por tener sexo, no? recuerdo a una mexicana (Isabel Madow, que verguenza) que entró al reality en España y tuvo sexo con uno de lso concursantes y no fue expulsada.

    En fin, yo sí que no soy fan de estas cosas.

    Besos, adoradillo!

    • Me parece bien, yo tampoco, no sigo los resúmenes, pero comparto tele y toca compartir programas. Estoy enganchado a Dexter cuando puedo. En realidad salvo deporte o informativos, veo poca tele. Mejor dicho: veo mucha tele en deporte e informativos, jaja. No, los sacaron porque hablaron de la de dinero que iban a sacar teniendo sexo dentro del programa y el cambio de vida que iban a dar luego de plató en plató contando sus chismes. 😀

  • A veces la dignidad se pierde a cambio de dinero. Es lamentable pero cierto. Del programa …. mejor me callo.
    Una nube para ti 😀 😉

    • Está claro, Almogrote, como le dije a Fran, es lamentable, comparto tu sensaciones con este tipo de programas. Son para no pensar en nada y tener la mente en otro sitio, o para reírse, que también, reírte te ríes, o te sonríes. Un rato. Más no. Pero hay que respetar los gustos de todo el mundo y éste sí es un asunto delicado: lo bueno que tiene la tele, dijo Iñaki Gabilondo, es que tiene un botón de encendido y otro de apagado. Un besote. 😀

  • Vergüenza ajena y falta de dignidad, tampoco veo el programa y lo dejo estar. Es lo que esta sociedad está eligiendo. ¿A la tal Milá le ha caído un sopapo?

    No sé quién es más malo, un tipo que no abre la puerta del portal cuando le van a entregar las correcciones de su libro o una presentadora que cumple su papel -y que nadie discute- y por alguna razón que desconozco es admirada por muchos.

    Me está dando asco todo(s).

    • No entendí el ejemplo del corrector, más mala es la presentadora, a fin de cuentas tiene función pública… ¿o no? En fin, que entiendo el espíritu del comentario y lo comparto, perdone usted por lo del escritor, lo que es en todo caso, para mí, es bobo, mira que me gustaría que me corrigieran un manuscrito que tengo en condiciones. 😀

      • Me refería al escritor, un tipo muy suyo a la hora de recoger las correcciones o eso me dijeron. Cada uno hace su propio juicio sobre un personaje público, y cualquiera de los dos -para mi igual de públicos indistintamente del medio- sólo cumplen un papel, el que se le permite.

        Pongamos el reciente caso de Dragó, a este personaje se la ha puesto en tela de juicio, ¿y entonces que pasa con Milá?

        Es lo de siempre, unos venden y otros consumen. La pela es la pela.

        • Ah, sí. Yo imagino -imagino- que Milá pretendía que se uniera al debate, pero se ve que le importaba una mierda, jaja. Él es escritor y habla de su trabajo, me parece lícito. Diría, vente, Paco, y hablamos. Y el nota se puso nervioso. Tenía fama de ser arisco. Lo de Dragó es el límite de la tontería, el pobre, ya lleva años que no publica nada que valga la pena. Me atrevo a decir que Últimas tardes con Teresa es su única gran novela, pero no me ha interesado nunca como para interesarme por más. Esta la tuve que leer en el instituto. Me gustó. 😀

  • Yo odio estos programas…
    Mercedes Milá está por encima del bien y del mal. Cuando una persona ha tenido una formación, un bagaje cultural, una profesionalidad impecable, se codea con personas – en el trabajo y fuera de él- intelectualmente similares a ella. Cuando por cualquier motivo éstas personas toman contacto con personas o estratos sociales con un bagaje cultural distinto al de ellos se convierten en … no lo sé muy bien, pero algunas personas toman una postura de superioridad, de semidioses. Miran a los demás desde la altura de sus pedestales porque consideran que tanto los que son testigos de su trabajo como los que son compañeros de trabajo están en un nivel intelectual inferior- no lo digo yo- al de ellos y por tanto se consideran poseedores de la verdad o con la capacidad lícita de “inculcar” su enorme sabiduría a los que por por circunstancias externas o internas no han podido acceder a una formación suficiente como entender determinadas cosas. Por supuesto no estoy hablando de Mercedes Milá sino de mi vecina del segundo.
    Un besazo.

    • Tu vecina del segundo me recuerda mucho a la Milá. Lo de la superioridad igual va con aquellos que no analizan las cosas por sí mismos, tienen a sus ídolos y lo que dicen van a misa. Si Larry Bird dijera que hay que bombarderar afganistán le respondería: nen, lo tuyo es el baloncesto, dedícate a lo que sabes. 😀

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