Pío pío, el esnobismo y Twitter

Un gentleman del Twitter

¡Pío, pío, pío! Los seres humanos hablamos mucho, ¡algunos más que otros! No somos los únicos, también hay otras especies que usan el lenguaje para socializarse: las ballenas jorobadas, las aves, los simios, etc.

Pero no todo lo que decimos es relevante o sustancial, salvo para los pedantes; enredamos mucho, parloteamos, somos ininteligibles, destrozamos la fonética del español, de tal forma que gran parte de la información que podemos exprimir de nuestro día a día es inútil: unas gotas por aquí o por acuyá. No obviemos, sin embargo, que existe un residuo informativo que sí que puede resultar interesante para otros. Siempre hay un anciano recogiendo las yerbas que uno desecha.

Por ejemplo, que el camión de la basura haya pasado a recoger muebles puede ser insustancial para unos vecinos mientras que para otros es imprescindible: ¡que me dejo los muebles en el salón! Pero: ¿necesitamos que toda, absolutamente toda la información que emitimos sea útil? Y en ese caso, ¿cómo conseguirlo? Si lo saben llamen a los redactores jefe de los periódicos –ahora son ellos los que dirigen un periódico: los directores cumplen una función diferente, que nada se asemeja a la idea romántica de todo un Matthaw en Primera Plana– y a los directores de informativos de la radio. Se lo agradecerán.

¿Información? ¿O información y entretenimiento? Es un objetivo complicado: no necesitamos este exceso informativo diario ni que justificar el ansia por difundir la información –y por explicar lo necesario que es- porque no deja espacio para la reflexión. Y ahí radica la explicación de gran parte de los acontecimientos de nuestra realidad. Embotamiento masivo del cerebro: cansa pensar. ¡Qué tiempos!

Enfermedad: Brainingsoma.

Sintomatología: Pereza mental, dejadez intelectual, ausencia de juicios que requieren más de una oración subordinada, preferencia por la coordinación copulativa, predilección por lo banal, lo inmediato etc.

Tratamiento: Cuidados paliativos. Cuando se detecta tarde es irreversible.

Recomendación de la OMS: Pequeños golpes en la nuca, tres veces al día, después de las comidas, acompañados de una aseveración contundente: “¡pero tu estás tonto!”, “¡espabila!”, o similares.

Lo mismo ocurre con Twitter: los usuarios escriben twitts, es decir, parlotean sobre asuntos que les conciernen, que les resultan interesantes o que consideran que lo son, y actúan de filtro cerrando o abriendo vías a nuevas informaciones.

Esto en lo referente a lo que podríamos considerar información. Habría que discernir cuál es relevante dentro de la masa de pío pío de miles de pajarillos piadores. Y no obviar el tremendo volumen de datos que circulan con el uso común de la plataforma a modo de chat. Comentarios, reenvío de agradecimientos, recomendaciones de seguimiento a ciertos miembros, cuando no cualquier chiste, frase ingeniosa, la tontería de día, o un intercambio de diálogo breve entre dos o más miembros de los que el resto de la red, excluidos del contexto, son meros espectadores.

¿A cuentas de qué este artículo? A la relevancia desorbitada que se da en las redes sociales a los conceptos de ampliar o eliminar a los seguidores o a quiénes seguimos.

Uno de los sentidos de las redes sociales -¿hay más sentidos en este postmodernismo que no sea la economía?- es que permiten difundir contenidos. ¡Ojo! No he dicho, por si alguien ha aumentado sus dioptrías, ser más social/–ble, esto es: que vayas a poder invitar en seis meses a cuarenta nuevos amigos a tu casa. Porque todavía estamos a tiempo de cambiar lo de red social por lo de red de consumidores. ¡Qué les parece!

La gran mayoría de las personas que me siguen o sigo tenemos un interés compulsivo por difundir nuestros contenidos y por acceder de forma inmediata a contenidos ajenos. ¡Genial, más seguidores para mi bitácora! Más diálogos, más intercambio de ideas, etc. etc.

Pero, también, es un lugar donde se amplía el espectro de seguidores gracias al boca a boca de las redes sociales: basta que una persona te recomiende para que sus mil seguidores conozcan de ti –y no pueden evitarlo: en esto consiste lo ingenioso de la herramienta- y un porcentaje puede interesarse de forma espontánea por tu contenido.

Una tarde de otoño encontré una herramienta que me permitía saber cuántos de los piadores a los que sigo no me seguían a mí -me habían eliminado o nunca me habían asociado a su red- y además me permitía eliminarlos. ¡Cría cuervos!

Ejecuté la orden como todo un señor gallo: de inmediato pasé de seguir ciento ochenta piadores a tan solo ciento veinte. ¡Más de cincuenta pajarillos perdidos en una sola huevada! ¿Y qué puedo hacer con ellos? ¿Tortilla?

Ahora llega la parte en la que me hago unos cuantos nuevos enemigos, esto es, lo que los griegos llamaban la conclusión. Me parece absurdo, cuando no poco inteligente –así soy yo, tocando la moral, ¡y vete a decirme algo!-, no devolver el seguimiento; y expondré mis razones –me gustan estos finales con punto y coma al final del párrafo,  ¿has visto lo bien que lo usa Flaubert en Madame Bovary?-.

  1. Es gratis. Inapelable razón en tiempos de crisis.
  2. Se puede elegir dos posturas: ser un esnob de las redes sociales o tener una visión más amplia -¡quiero que más gente conozca estos contenidos!- y pensar en el beneficio conjunto. Si el seguimiento es recíproco, ganamos ambos. ¿Que hay gente que parece muy pesada porque escribe sin parar, o es monotemática, etc., o empresas u organizaciones que no te interesan? Pues los eliminas, ¡lógico! Se trata del quid pro quo, no de convertirnos en una ONG.
  3. No leo todos los pío pío que llegan a mi historial de Twitter. Qué más me da añadir un seguidor más: puedo seleccionar mis favoritos y prestarles más atención a ellos, pero dejar que todos formen parte del intercambio informativo o del chiste del día. Por cierto: si yo no puedo leerlos a todos con menos de doscientos fanáticos piadores, ¡dudo que los que tienen más de medio millón puedan! Y sin embargo, son multitud los que piensan que el hecho de seguir a estos gurús les da un beneficio intangible -«una retwitteo tuyo bastará para sanarme»-, como el que se compra unas zapatillas de una marca concreta asume que compra una identidad: las zapatillas y el “algo más”. El autoengaño es lo que tiene.

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

13 Comentarios

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  • Ya estoy… el Señor Sosina.

    Empiezo por abajo que me es más fácil. Esto de vender estilos de vida y «algo más» es viejuno, y muchas veces no nos damos cuenta que somos partidarios de algún modo. Autoengaño haylo y para todos y qué bien que nos sienta. Adaptación.

    La transmisión de información de manera compulsiva y el aquí y el ahora empieza a ser enfermizo. He probado el «virus» y no he tardado más que un día en darme cuenta del error de Tuiti o más bien de los usuarios que no saben manejarlo: quieren amortizar su libertad de «ser leídos». Lo he desechado. No quiero blindarme y ser de un bando o de otro (es la tónica de siempre), ¡pero sí parece que nos obligan! Eres un rancio de la psique o te dejas seducir por la estupidez, al menos yo no encuentro término medio, soy asín y trato de evolucionar algún día a Pikachu eléctrico con Feisbú de serie. 🙂

    Lo nuevo trae euforia pero poco tarda uno en darse cuenta de las cosas. Información para unos residuo para otros, TREMENDA CUESTIÓN.

    He probado la estupidez y por alguna razón genética no va conmigo, ¡pero es divertidísima! (y cansina a todas horas). Como remedio sólo trato de ser subnormal la mitad del día.

    • La intención es lo que cuenta. La estupidez no mola, pero a veces tengo interferencias con el sentido común, me va y me viene, será que tengo las pilas gastadas.

      Ya han comentado los que se supone que saben de esto pero que no están inmersos en las redes sociales -por eso tienen otra perspectiva, no sé si la razón- que Twitter desaparecerá porque es un chat muy poco productivo y ocupa demasiado tiempo. En lo del tiempo tiene todita la razón. Absorbe demasiadas horas y por eso lo uso para lo mínimo.

      No hay que ser de ningún bando, supongo. Pero la parte de la cuestión en que digo: por qué esa manía en no seguir a este o al otro mientras a cambio te comparte los contenidos tiene pinta de insolidaridad. De eso me quejo o por lo menos no lo hago. Nos iría mejor, porque, como digo también, quién tiene tiempo de leer toda esa información, analizarla y sacar algo productivo. Así que… que se tupa el desagüe. A nosotros qué más nos da que haya un trillón de noticias viajando y de las que no tenemos ni idea y ¡qué casualidad! afectan a nuestra vida. Pues eso. La ignorancia es atrevida y vive feliz. 😀

  • La verdad, cada día tengo menos claro qué es correcto y qué incorrecto. Aunque en ocasiones sueltes unos latigazos en mi rincón a diestro y siniestro. Pero honestamente señalar a unos y otros según si utilizan bien o mal (en base a un criterio personalizado) las redes sociales… Es como entrar en un bar y ponerse a clasificar los clientes según si la conversación resulta interesante o aburrida, siempre a criterio personalizado. 🙂

    Más cuando finalmente en casos como el mío (y como el tuyo, a buen seguro) usamos Twitter o Facebook o la que toque como quien se asoma a una ventana a husmear un ratito la calle para luego volver a sus quehaceres. Nosotros… bueno tú no lo sé, pero yo sí, soy de los que entran, piden café, hojean algún panfleto periodístico, pagan y se marchan.

    Pretender calificar y clasificar en base a ese breve momento. No sé yo.

    😉

    • Copio y pego de la respuesta a Nat: No hay que ser de ningún bando, supongo. Pero la parte de la cuestión en que digo: por qué esa manía en no seguir a este o al otro mientras a cambio te comparte los contenidos tiene pinta de insolidaridad. De eso me quejo o por lo menos no lo hago. Nos iría mejor, porque, como digo también, quién tiene tiempo de leer toda esa información, analizarla y sacar algo productivo. Así que… que se tupa el desagüe. A nosotros qué más nos da que haya un trillón de noticias viajando y de las que no tenemos ni idea y ¡qué casualidad! afectan a nuestra vida. Pues eso. La ignorancia es atrevida y vive feliz.

      No digo que tenga razón; digo que no tiene mucho sentido seleccionar según qué criterios porque una persona no emite setenta pío pío imprescindibles diarios, como tampoco te lees todo el periódico en el bar. Lo que yo digo es: compartamos el periódico, que viaje de ida y vuelta la información.

      Ahora, que cada uno haga lo que quiera. Yo como tengo una opinión la doy, no siempre vamos a estar de acuerdo, hay que equivocarse para estar en el mundo así que supongo que soy un idealista y prefiero una red donde todos sean solidarios y la información viaje de nodo a nodo sin esnobismos, que para mí lo son. Cada uno en su casa y Marx en la de todos. ¡Un abrazote! 😀

  • Lo bueno de Twitter es que no existen reglas escritas ni prohibiciones.
    Tan válida es tu opción de seguir a los que te siguen como otras, pero siguiendo tu explicación «Que hay gente que parece muy pesada porque escribe sin parar, o es monotemática, etc., o empresas u organizaciones que no te interesan? Pues los eliminas, ¡lógico!» ellos, si siguen tu razonamiento, también dejarán de seguirte… Y, al final, qué nos queda.

    Yo sigo a muchos, unos me siguen otros no; me siguen muchos, a unos los sigo a otros no.

    • Y claro que sí, cada uno lo que quiera. Pero bueno, yo pienso que una cosa es no seguir a una empresa que te vende zapatos, o a un colectivo que promociona un producto, o a una revista de tauromaquia -y no me gustan los toros-, o alguien que solo dice tonterias o que es monotemático: siempre habla de zapatero, siempre habla de algo muy reducido, atomizante, etc. Pero al resto, ¿por qué no? Solidaridad virtual. A lo mejor no me gusta cómo escribe o que siempre comparta contenidos tecnológicos, pero puede que a alguien de mi red le parezca interesante. Así que ayudo a difundirlo. No digo que tenga razón, digo que es una postura, a mí me parece estupendo que cada uno haga con sus cosas lo que quiera, pero tengo esta opinión. ¡Un abrazo! 😀

    • ¡Hola Higorca! No importa, yo tampoco lo entiendo. Es gente repartiendo lo que escribe o vende o le parece interesante, como el Facebook, pero tienes que hacerlo en 140 caracteres como máximo. Viva la síntesis. Por cierto, La desnudez del otoño, espectacular, precioso, comparto el comentario que te dejó María. Yo hubiera puesto una de esas lindas acuarelas para el poema y me hubiera guardado la otra para otro poema, ¡es que me encanta cómo representa el otoño! ¡Un besote! 😀

  • No sus preocuparos, tal vez he sido demasiado brusco al exponer. No me meto con nadie, no digo que hay que dejarlo de usar y tampoco que no lo comprenda. Por la respuesta de Jules -que no la he entendido, por la hora intempestiva o porque soy un cafre- me da que estamos hablando los dos con la pared. No era un comentario hacia/contra Jules sino mi simple impresión del servicio.

    Lo he probado y me ha saturado simplemente añadiendo a un amigo y por ende sus colegas que trae debajo del brazo. Es como leer las cotizaciones de la bolsa en la parte inferior de la imagen de un telediario a todo meter sin ton ni son. Leer cualquier tipo de noticia porque a fulanito le ha parecido gracioso o interesante para sus amigos. Agotador. Para el que le guste bienvenido.

    El servicio a priori parece bien pensado y es atractivo pero al uso se hace aborrecible. Como dicen aquellos que usan facebook o son dueños de un blog, si no tienes tiempo para dedicar y actualizar tu sitio mejor no lo tengas.

    Repito: Información para unos residuo para otros, TREMENDA CUESTIÓN.

    Para mí las claves a discutir ya se han nombrado: dedicación (tiempo) y productividad (uso).

    Supongo que habrá gente y habrá gente. Se puede usar por distintos motivos y de diferentes maneras, como por ejemplo para promover un blog.

    • Qué va, no me pareció brusco, en todo caso serio, siempre presupongo que los comentarios no son contra mí sino contra lo que digo, pienso, los argumentos, etc., etc., yo por ese lado estoy tranquilo, así que como diría el Gobernator Swcharzenegger, ¡no problemo!. 😀 Sí es verdad que es como leer las cotizaciones, yo lo uso exclusivamente para promover los contenidos de la bitácora, punto, apenas le veo utilidad en lo demás, que seguro que la tienes… si estás 24 horas al día con él, porque nunca sabes cuándo va a haber algo interesante, y cuándo tendrás tiempo de leerlo. En fin, como todo, ¡tiempo! 😀

  • Libertad para lanzar al mundo lo que sentimos o lo que no nos gusta. Pero claro está, si yo tengo bitacora, o demás, no tengo porqué sentirme prisionera de sus garras virtuales, aunque detrás se esconda un individuo. «Hay la vida que telaraña entramada tejemos»
    Con lo felices que son los pajarillos en sus ramitas y yá. Somos así y no podemos evitarlo, pero es lo que dices Julio, que si toco la teclita y elimino pues no pasa nada, no estamos mantando a nadie.
    Un besotonsillo 😀

    • Liberta, libertad, ¡qué haríamo sin ella Almogrote!, vivan los planteamientos que se pueden reducir a cosas sencillas, por qué nos complicamos tanto la life… 😀

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