Libertad de expresión

Y el comentario, la síntesis, el doble sentido, la extrapolación lo dejo a mis brillantes comentaristas a los que leeré con detenimiento. Una pista: las coartadas del estado de derecho para proteger ciertos poderes bajo el auspicio del derecho al honor. De ahí empato con la libertad de prensa, etc. No sé si ven por dónde voy: el Estado acotando su margen de poder y blindándose con un reglamento ajeno a la libertad ciudadana. El Estado es una bestia deforme a la que le dimos permiso primero para cuidar nuestro jardín, luego nuestra casa, y ahora ya no sabemos decirle que vuelva a su caseta porque ha adquirido un derecho de antigüedad que en el fondo nos da miedo quitárselo… por si volvemos a necesitarlo. Libertad de expresión, parece que sí, pero para hablar de los males sociales y señalar, parece que no. Anda, si yo no iba a escribir nada. 😀

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

7 Comentarios

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  • «El Estado es la gran asociación de las clases pobres» Me quedo con ésta definición de Lasalle. Como bien dice Fernado Esteso, gran humorista: por decir cuatro tonterías no pasa na verdad?.
    Fijate que cada vez proliferan más y más leyes, y que si no se acatan, pues pupita para todos.
    Buen artículo , como siempre!! 😀 😀

  • Una garantía social cuyas leyes se modifican a gusto de unos pocos, ¿cómo se come eso?

    A mi me parece que la socialdemocracia apesta por utópica y que yo sepa el comunismo tampoco es el mejor remedio.

    ¿Y si dejamos de poner etiquetas con qué nos quedamos?

  • No sé quién decía que «la democracia es la dictadura de la mayoría», no le faltaba razón. Opino que el punto de inflexión está en qué priorizamos: si la igualdad (modelo republicano) o la libertad (modelo liberal). Y después de muchos experimentos resulta que ninguno de los dos funciona bien. Y ahí andamos todavía, como dice Nat: «si dejamos de poner etiquetas ¿con qué nos quedamos?». Entre lo malo y lo peor…

    Tu retrato del estado me parece muy acertado, caminamos hacia atrás, los derechos fundamentales y las libertades públicas acaban reduciéndose a ámbitos insignificantes, y nos conformamos con poder elegir el color de los calcetines que nos ponemos. De lo cual aún hay que dar gracias, porque los hay a los que ni siquiera se les permite eso. Pero para el resto de asuntos, la libertad de acción y/o opinión se va estrechando cada vez más, y las voces autorizadas sólo son las que no molestan.

    • Es curioso, comentaba en la manifestación con uno de mis tios, cómo el sistema estimula el miedo a ser protestón y hasta agresivo en la protesta -sin violencia extrema, me refiero-, porque es como una educación represiva en la que se alimenta el miedo al estado y a sus consecuencias (policía, cárcel, etc.). Una población con miedo es más fácil de gobernar. Qué gran razón tenía El Loco de la Colina, Jesús Quintero, cuando lo dijo. Un crack. 😀

  • Claro que una población con miedo es más fácil de gobernar, y los hay que los amedrentan para dominarlos, véase por ejemplo todo lo que se tragaron los yankees después del 11-S. Con la excusa del terrorismo Bush restringió las libertades y derechos fundamentales a mínimos, y se adentró en el control hasta ámbitos muy, muy privados, protegidos por el derecho constitucional. Mira, me acabo de acordar también del listo de Corcuera y su intentona de ley de «la patada en la puerta».

    En lo que se refiere al derecho legítimo de protesta ciudadana parece que los políticos no acaban de asumir que es una «molestia» que tiene su trabajo, que va con el cargo y que entra dentro del sueldo. Como el panadero ha de levantarse a las dos de la mañana para hacer el pan, o el camarero tiene que aguantar a un cliente que se pone pesado porque ha empinado el codo más de la cuenta. Les guste o no, los ciudadanos tienen el derecho de opinar sobre la gestión de los políticos que los gobiernan lo que quieran, cuando quieran y donde quieran. Y bueno sino, lo tienen fácil, que se dediquen a otra cosa. Aquí en Valencia parece que todo lo que no sean aplausos es una agresión: http://www.linformatiu.com/portada/detalle/articulo/a-barbera-no-le-agrada-su-anti-clac/ Yo estuve en la manifestación y pasamos por delante de su casa, sí, nos divertimos un pco, pero sólo fueron silbidos y cánticos salidos de tono. Las pintadas en la acera de las que se queja es imposible que las hicieran los manifestantes del 19-J, primero porque había tanta gente que era imposible moverse, y menos tener el hueco suficiente para poder hacerlas, y segundo porque en todo momento la policía nacional rodeaba la entrada (con los cuales no tivimos ningún enfrentamiento) y no parecían dispuestos a consentir acciones de ese tipo. De todos modos este partido de la corruPPción es muy dado a la exageración, a acusar de violentos a quienes le agobian con preguntas incómodas y a hacerse la víctima. No hace tanto que Forrest Camps escupió en sede parlamentaria lo siguiente a uno de los portavoces de la oposición: «A usted le encantaría coger una camioneta, venirse de madrugada a mi casa y por la mañana aparecer yo boca abajo en una cuneta». (http://www.elpais.com/articulo/espana/Camps/acusa/Luna/quererlo/matar/elpepuesp/20091112elpepunac_5/Tes)

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