Cómo NO escribir una novela

Hay formas y formas de perder el tiempo. Cómo no escribir una novela, de Howard Mittelmark y Sandra Newman no es una pérdida de tiempo (absoluta), pero es una vía de aprendizaje muy poco recomendable. Es más interesante aprender a construir que a destruir, aunque en el proceso de escritura es necesario eliminar material a menudo.

El objetivo del manualito es curioso; en la portada habla de un corpus de 200 errores comunes. En la contraportada dice: «Todo ello para que consigas, entre carcajadas, escribir esa novela que tienes en mente y pasar de las pilas de las editoriales a las librerías». Voy a llamar a Seix Barral, la editora, para que me expliquen dónde está la carcajada. No vale ni para telonero de un mal monologuista. Serán los efectos secundarios de la endoscopia.

¿Y qué va a hacer el novelista? ¿Revisar su texto a ver si encuentra alguna de las 200 cagadas desternillantes que aparecen en el manualito? ¿Comprarse un paquete de pañuelos de papel para secarse las lágrimas de tanto reír?

A mí siempre me pareció que la única forma de aprender a escribir es, de entrada, leer buena literatura. No creo que leyendo las novelas «publicables» -porque de eso se trata, ojo: no de que hagas buena literatura, sino de que puedas «publicar» como único objetivo: más adelante retomaré este punto de vista- de los autores vaya uno a aprender demasiado. Howard Mittelmark y Sandra Newman han tenido quizás una buena idea pero una pésima puesta en escena. A lo mejor es culpa de la traducción. A los pobres traductores: no tienen suficiente con no citarlos como para encima culparles del pésimo estilo de otros. En fin.

Los autores, siguiendo el índice temático de su manualito, van desgranando prototipos de errores. Intentan escribir un texto desternillante en el que ejemplificar el error; hay, además, dos o tres variantes clásicas que, a lo largo de sus vidas como editores y novelistas, han visto muchas veces. Sobre todo Sandra, que ha dado clases en varios centros -¿las dará también desternillantes?-. Del otro señor se indica una novela, una colección de libros de ciencias para niñosy su trabajo como autor por encargo: es, lo que se dice, un talentoso. Bueno, ya se sabe: una cosa es impartir clases de cómo escribía Nabokov y otra escribir como Nabokov. Yo mismo jamás escribiré como Nabokov y puede que jamás llegue a escribir algo que considere digno pero tengo dos dedos de frente para saber que lo que quiero llegar a hacer, si lo consigo, no está en los límites de este manual. Como dijo Vizinczey, el límite es ser mejor que Cervantes: o te planteas eso en serio o mejor no empieces a escribir. La angustia de las influencias puede ser un peso demasiado grande. De ahí que los escritores seamos tan competitivos y egoístas. Y que la tengamos tan grande, todo hay que decirlo. La moral, malpensados.

El libro, además, tiene ese aire de manual tipo «Sexo en Nueva York», ya saben: todo suena moderno y glamouroso y ¡chispeante! para explicar algo que carece de glamour: el escritor está jodido porque ha escrito un gran pedazo de mierda y no sabe cómo arreglarlo. ¡Pero aquí vienen Laurel y Hardy para que con tu inteligencia aprecien su fino humor y que debajo de su sarcasmo hay un consejo de oro a seguir! Y, por ende, el final es tan jocoso que me debato entre quemar el manual para que nadie vuelva a leerlo jamás o devolverlo a la biblioteca de donde lo saqué. ¡Dios mío, pobre del que haya pagado por este manual! ¡Se tiene que estar tirando de los pelos!

Para mí, como decía, la mejor forma de aprender a escribir es leyendo a los grandes autores y viendo «cómo hacen» para conseguir sus personajes, sus tramas, qué técnicas utilizan, por qué eligen un final y no otro, qué tiempo narrativo usan, ¿es el narrador omnisciente?, etc. etc. Como en Cómo lee un buen escritor, de Francine Prose, donde vemos el mismo espíritu de aprendizaje que esta bazofia de Cómo no escribir una novela pero aprendiendo algo: pone ejemplos de «cómo se hace» y luego los comenta. Coño, así pues sí… De la otra forma un escritor jamás aprenderá nada: solo a qué no poner. Pero no sabrá por qué porque no tiene los referentes. Solo lo que Laurel y Hardy le han comentado en modelos de textos que solo leerlos te dan ganas de llorar -nadie puede comprarse un libro para escribir novelas y escribir tan mal como ellos suponen en su manual, es de locos-.

A estos dos simpáticos le han hecho un encargo editorial o se conocieron una tarde de lluvia en una convención de profesores de escritura creativa, tuvieron un mal polvo y dijeron: «coño, escribimos un libro a dúo sobre errores pero en tono divertido, así lo diferenciamos de los manuales de verdad que sirven para aprender.» Recomiendo antes los manualitos breves pero muy informativos de Silvia Adela Kohan que esta basura. Porque en ellos puedes observar cómo se hace; de Borges a Calvino, etc. En este manual no aparece mencionado ni un solo escritor: los únicos ejemplos son los fragmentos breves de supuesto humor de la pareja cómica autora del manual.

Yo no digo que no se pueda aprender algo; de todo se aprende. De ver una caída puedes aprender a no pisar pieles de plátanos. ¿Hay plátanos en tu novela? ¡No los pises! Yo prefiero que me expliquen qué es un plátano -en el caso de que no lo supiera-. Porque, no se pierdan: luego el novelista tendrá -porque no pretenderán que memorice los 200 posibles errores que señala, ¡o sí!- que ir mirando con temor si algo de lo que ha escrito se asemeja a todas las variantes que sugieren.

En definitiva, entre las listas de «Cosas que el lector no soporta en un protagonista» -esta respuesta me la sé, no tengo que enumerar las 25 que dicen ellos: ¡no soporta que no sea creíble!- podemos encontrar alguna que encaje en alguna obra maestra de la literatura, porque las novelas son imperfectas, como lo son Shakespeare o Cervantes, genios pero cuyas pequeñas imperfecciones conforman la grandeza de sus creaciones.

¡Cuántas novelas no se hubieran publicado jamás, por lentas, demasiado descriptivas..! ¿Laurel y Hardy habrían dado el visto bueno a La montaña mágica de Thomas Mann si este fuera un berlinés contemporáneo? Lo dudo: le darían un ejemplar de su manual y le desearían mucha suerte porque, y voy a lo que dije que comentaría más adelante: «no es publicable». ¿Se refieren estos dos a literatura de consumo rápido? Da la impresión.

Claro que todos los que escribimos nos morimos por publicar. Algunos por la fama; otros, porque tienen la necesidad de mostrar lo que hacen. Yo quería ser escritor  por esto último hasta que vi a David Duchovny en Californication y ahora quiero que me vengan las ninfas a seducirme porque soy bohemio y místico y molón.

Este es un trabajo demasiado serio para leerse una despropósito como este. Lean a los citados, a E.M Forster y sus Aspectos de la novela, a Bajtin, manuales de retórica,  estilística, el fantástico manual de técnicas narrativas Escribir, de Enrique Páez, repánsense a Propp, la Poética de Aristóteles, La literatura y el mal de Bataille, El canon occidental de Harold Bloom, lean todo lo de Baudelaire y a Mark Twain y a Conrad y a Wilde y a Joyce y a Austen y a Hesse y a Woolf y a Kafka y a Pynchon y a Salinger y a Henry Miller y a García Márquez y a Whitman y a Neruda y a Cortázar y a Horacio Quiroga y a Vila-Matas y a Iris Murdoch pero, por favor, si quieres aprender a mejorar tu técnica como yo quiero hacerlo, prescinde de esta tomadura de pelo. De todo se aprende, pero es una cuestión de método. Y luego: ve a un curso presencial de escritura creativa, a una residencia de escritores, esas cosas que yo no hago pero que te recomiendo porque son muy útiles. Escribir es un aprendizaje: mi método es antinatura.

¿Eing?

¿Que a estas alturas todavía piensan en leerlo? ¡Por favor! Déjenme la putilla final, coño, digo, déjenme la puntilla final.

Leamos la crítica en The Observer -ya saben, esas críticas que ponen en la solapa trasera u otro lugar enumerando las bendiciones de una obra-. «Hilarante, perversamente crítico y profundamente útil.»

Cuando en una crítica lean dos adverbios junto a dos adjetivos, desconfíen. «El argumento de esta película es ingeniosamente impactante y hábilmente inesperado».  Es decir, que es un remake de La ratonera. «Esa chica tenía unas tetas tremendamente duras y perfectamente alineadas». Es decir, que tenía dos tetas bonitas. Si es que con esa crítica lo que hacen es precisamente terminar de hundir lo que se que quiere encumbrar -salvo en el caso de las tetas, que siempre salen ganando-.

BlogCritics: «Además de ser un manual para aspirantes a novelistas muy útil, Cómo no escribir una novela es una lectura divertidísima». En qué quedamos: es útil o es una lectura divertidísima, porque una lectura divertidísima es La conjura de los necios y una lectura útil es el Curso de literatura europea de Nabokov.

Si es que no se pueden decir más gilipolleces en menos espacio.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

27 Comentarios

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  • Iba a describirlos físicamente, pero no, no voy a caer en decir que seguro que son unos chicos de treintaytantos con las gafas de pasta megagrandes y un libro de ¿cómo se llamaba? Ray Loriga debajo del brazo o similar (y que me disculpen los que se vean refeljados en esta descripción pero no se sientan supercool, más bien todo lo contrario) En esto de la literatura hay mucho gilipollas, yo conozco a un montón de personas a quienes les encantaría el libro que tú estás describiendo y es más, lo recomendarían para, después, soltar en sus conversaciones lo que no se debería hacer para, como dices bien, poder publicar, y no para poder escribir una buena novela, que es muy distinto, que bien lo saben ellos que para eso leen «este tipo de ensayos». ¡JA! A lo que voy, Julio, es que lo que veo en general en todas las artes es una especie de intrusismo por parte de individuos superficiales que no van más allá de la fachada…y eso es muy triste. Si esta sociedad ya está en manos de personas superficiales, sin empatía ¿qué haremos si con las artes y las letras ocurre lo mismo? Creo que este intrusismo banal es todavía un mal pequeño pero y si pronto todo se vuelve fachada y no sabemos distinguir lo banal de lo profundo…Decía Walter Benjamín que el hecho de que llegue un momento que la reproductibilidad de una obra de arte sea cotidiana el arte en sí – o esa es la conclusión que yo saqué- correría peligro. La reproductibilidad crea una demanda de artistas que a su vez nos acerca a una sociedad plagada de artistas, algunos de ellos serán verdaderamente artistas otros no, y los consumidores creerán que lo que no es tal lo es con lo que la valoración del arte se verá contaminada. A ver…más o menos. La verdad es que el ensayo leído hoy en día suena a snob y desfasado pero creo que si se eliminasen los anacronismos y determinados detalles, esta teoría sería válida para hoy. ¿Cuántas personas «famosas» conocemos a las cuales se les considera artistas y para nosotros o para personas entendidas relamente en la disciplina que ejercen son solamente un fraude? A bastantes creo yo…
    Creo que me he ido del tema pero a la vez creo que está todo bastante relacionado. Es viernes mañana, y creo que no me deja esto pensar del todo bien. Un besazo, ojos verdes 🙂

  • Si es que según iba acabando de leer tu entrada me iba poniendo de pie aplaudiendo: «Bravo, bravo, bravo!!»
    No lo hago casi nunca, pero ésta me la voy a imprimir. Se nota que te ha salido de muy dentro todo. Y encima con una buena carga de ironía.
    Genial!
    Un abrazo

    Nota: Descargarme Californication

    • ¡Gracias! Lo he retocado añadiendo alguna obra más de esas que considero imprescindible. Californication tiene un enganche sutil. La actriz de la primera y creo que segunda temporada, la ninfa, está para babear. Pero lo mejor es el argumento de la serie (qué va, cómo está la tía). 😀

  • No te exasperes, Julio. Tú mismo lo has dicho, es otro manual de la calaña Sex & The City y de esos hay muchos deambulando por las editoriales, créeme que lo sé yo que hasta algunos he visto entre portadas de colores que dañan las retinas y dibujitos infantiles propios de un imberbe, luego de componerlos. Es una fórmula que tiene bastante platillo y bombo en nuestra cultura y porqué no, tiene una razón de existir, pal que lo lea. Una portada que reza «una divertida lectura» no puede ser el guión de un buen manual de estilo, pero te ha dado pie a una entrada bien tocha. 🙂

    Californication… me pareció gracioso ver a Fox Mulder haciendo otro papel que no es para el que se le encasilló y eso en un actor es sorprendentemente grato, pero no llegó a entusiasmarme.

    Community… ver al viejo Chevy Chase en una comedia tan disparatada es mi consejo de manual para este verano. 😛

    • Me tomo dos tilas. Me ha resultado divertido porque veo que todavía manejo la ironía.

      Californication es una buena serie, a mí sí que me llama la atención, sin llegar a las cotas de Dexter, que es mi serie fetiche actual. ¿Chevy Chase? Eso es que te haces mayor, miraré a ver de qué va. Un abrazo. 😀

  • Yo no escribo novelas y creo que nunca lo haré 😛 pero este tipo de libros sobre como no hacer algo o cómo hacer algo con éxito me producen bastante repulsión, casi siempre tieno a asociarlos con débiles mentales y gente sin idea del terreno en el que se están metiendo y que creen que por leer un manualito serán unos expertos.

    Pues nada, la crítica te ha quedado clara y contundente, así que te felicito por haberte tomado el tiempo.

    Un beso, Cariño.

    • Todos tenemos nuestras inclinaciones, al que no escribe este tema le puede parecer tan interesente como a mí la reproducción del guisante malayo. Pues eso. 😀

  • Si la escritura es algo creativo, por definición excluye la copia, las reglas inamovibles, las máximas porque, ante todo, lo creativo supone sacar del fuero interno para plasmarlo afuera. Lógicamente sí hay años de aprendizaje de los rudimentos literarios y estos se obtienen, creo yo, de la lectura pero sobre todo, a escribir se aprende escribiendo. Otra cuestión es la publicación que creo que es muchísimo más dificil porque abarca ‘cualidades’ que muchos no tenemos, por ejemplo: ser periodista, pelota, adulador, mentiroso, mezquino y, sobre todo, parientes situados en el mundillo. Sin estas ‘cualidades’, digo, es difícil meter cabeza en un mundo tan sobre saturado.

    • Lo comparto. Luego los muy buenos y que están en el lugar justo en el momento exacto y saben adaptarse también llegan. Me gusta pensar que hay mucha gente que llega porque es buena escribiendo, sin más, pero somos latinos, todo cuenta. Un abrazo.:grin:

  • Por supuesto que sí, Julio. Quejarse es un deporte nacional!!! Yo creo que tu eres buen escritor, entre otras cosas, porque todavía me acuerdo de un relato tuyo ‘Palmeras eléctricas’ era parte del título. Los muy buenos ‘llegan’ siempre y los simplemente buenos, también. Lo mejor que nos ocurre a los que nos gusta escribir es que la escritura en sí misma ya es una recompensa, o eso me pasa a mí. Pero también es cierto que todos queremos publicar y, aunque alguno lo niegue, también querríamos triunfar. Lo primero es muy difícil debido a los muchos filtros extraliterarios que hay… Existe un blog llamado ‘miserias literarias punto com’ si no recuerdo mal, que llevaba un escritor famoso desde el anonimato, que da muchos detalles de lo muy prosaico y corrupto que está el sistema. Un abrazo.

    • Todo en un pack: disfrutar, vivir de la escritura, etc. etc., ¡quién no! Y gracias, Fran, cuando viene de un buen escritor el halago se disfruta más y se toma con cautela también porque hay que currar mucho -esto ya lo sabías-. Me ha llamado la curiosidad y he puesto el relato fijo en la bitácora para leérmelo en un ratín, o tal vez mañana que es tarde. A ver qué me parece -eso de leer algo de hace mucho y que uno escribe en la bitácora sin más intención me parece misterioso y atrayente-. Me voy a mirar a ver si encuentro ese blog en el Google. ¡Qué morbo! Un abrazo, gracias por la info y bona nit. 😀

  • Pues a mí el libro me gusta, es práctico y dice muchas verdades.

    Y si, es sincero hasta para no decirte como escribir una novela de esas que pasan a la historia, sino para aconsejarte como escribir una novela que algún día te de comer, que es otra cosa distinta.

    Habla también de los escritores inamovibles que nunca reconocerán que sus escritos son impublicables porque no hay editor que los acepte. Me parece bien no querer cambiar nada de tu novela, pero reconoce la diferencia entre escribir solamente y querer vivir de escribir. Seamos realistas, habrá mucha mierda en el mercado, pero el caso es que vende y a la gente le gusta o ser tu el único que lea lo que escribes.de buscar un punto medio entre eso y escribir bien o se.

    Tampoco te dice que dejes de leer obras buenas para aprender a escribir, lo único que hace es decirte que evites errores comunes. Esos errores los he visto cien veces en muchas novelas, y efectivamente me han hecho dejar de leerlas.

    Un poco de sentido del humor no viene mal, que en el mundo de las letras (y en el arte en general) hay gente que enseguida se ofende ante una crítica dura o destructiva, que en ocasiones también son necesarias.

    Por otro lado, prefiero que me digan que no hacer con un poco de humor que decirme lo que debo hacer realmente, que me suena mucho más pretencioso y pedante. Pero bueno, eso va a gustos.

    • Me parece genial. De todo se aprende, lo tengo justo delante junto a otro de estilística y si hojeo encuentro cosas con mucho sentido y errores que seguro que cometeré porque la novela perfecta, ya me dirás… Pero para no repetirme, te dejo mi idea: una cosa es vivir de lo que uno escribe y adaptarse a lo que hay para vivir de eso y otra escribir lo más honestamente posible y ver si con eso da para publicar algo que tenga sentido y cierta calidad, porque si no me daría una vergüenza tremenda. Los errores de las novelas que tú dices, y lo digo con cariño y sin ser pretencioso o pedante, sino honesto, te refieres a Dan Brown o Carlos Ruiz Zafón, no, porque en Camus, Boris Vian o Borges no los vas a ver, por decirte algunos. Ahora bien: estos autores y otros tienen obras «menores», con «defectos», junto a sus grandes obras. Casi todos se metieron un castañazo alguna vez y algunos varias veces. Un abrazo y gracias por tu opinión, me parece genial que hay gente que opine diferente porque yo no tengo la verdad ni la razón, solo son mis ideas y respecto a lo del sentido del humor, en eso tienes razón. A mí me gustan las críticas constructivas porque si no cómo demonios voy a aprender a escribir mejor. Me las han hecho muy duras, te lo aseguro, y he tenido que cambiar mi estilo para darme cuenta, ¡pero me cabreo también!, jaja. Un abrazote. 😀

  • En Noviembre de 2011 me tocó trabajar en la Feria Internacional de Libro de Santiago de Chile. Trabajaba en el «stand» de Grupo Planeta, y tuve la ocasión de hojear el libro y de ver cómo algunos pasantes lo agarraban entusiasmados (eso hasta ver el precio, $22.000, unos 45 dólares). Me llamaba entonces la atención que muchos de estos mismos clientes —a los que seguía con mirada vigilante— luego de dejar el libro en su lugar, avanzaban derecho hacia el mostrador repleto de libros de Paulo Coelho, o a los nuevos kamasutras gays y lésbicos, o al nuevo libro de autoayuda de Planeta, «Confianza Total».

    Se me ocurre que la mayor parte de las personas que están dispuestas a gastar su valioso dinero en un libro tan fútil son las mismas que no estarán dispuestas a invertir horas de su tiempo en sumergirse en la real literatura de sudor. Resulta más fácil pagar unos pesos para «aprender a escribir» que pagar el precio que requiere el oficio comprometido. Lo triste es que esta clase de libros baladís puebla las estanterías de nuestras librerías, en lugar de la literatura consciente, y los incautos los compran, mientras la mafia de la cúpula de Grupo Planeta y estos autores oportunistas se llenan los bolsillos.

    ¡Un abrazo, Julio!

    • Me lo creo, seguro que ese tipo de lectores buscan este tipo de libros como escritores aficionados, pero ojo, no todos los escritores aficionados son iguales: muchos buscan calidad en sus textos y en los manuales que consultan. Me ha parecido una anécdota genial. ¡Un abrazo! 😀

  • «Claro que todos los que escribimos nos morimos por publicar. Algunos por la fama; otros, porque tienen la necesidad de mostrar lo que hacen».

    Eso no es un escritor, es un vendedor.
    Los buenos escritores publican. Los malos, cada vez más, también.
    Los buenos consejos existen pero, como todo, depende de quién y cómo.

    No te preocupes si no publicas (es comprensible).

    • ¡Hola! Veo que le has cogido el gustillo al blog. Me he decidido por empezar por este comentario. ¿Un escritor que quiere publicar para dar a conocer su obra es un vendedor, o quieres decir que solo los que buscan fama?

      Disiento un poco de tu segundo párrafo: los buenos escritores a veces publican (recordemos a Toole y La conjura de los necios) y los malos o incluso decentes muchas veces también publican, porque es un negocio. Hay mercado para todos, buenos y malos. Hay incluso alguno que consideran buen escritor de cuentos pero del que tú disientes en tu blog con bastante energía; dicho lo cual, para gustos, colores.

      Los buenos consejos existen hasta en este libro, jaja.

      La última frase dejada en el aire, «es comprensible», hace referencia a que es comprensible porque soy un mal escritor o porque podría ser bueno y aún así es probable que no publique. Ya que eres directo lo pones y nos sonreímos los dos. 😀

      Un saludo.

  • Gracias por tus respuestas, Julio.
    Me encanta debatir cuando hay argumentos o simples gustos personales que, inevitablemente, se mezclan.
    De lo que disiento es de anatemizar y sentar cátedra basándonos en ese combinado; aunque también es difícil de no hacer.
    No, no me refiero a ti, aunque sí en alguan entrada (creo recordar que la del lector… pedante? o algo así).
    Con respecto a la última frase del comentario anterior, lo decía en general. No se puede dar una opinión sobre la obra de un autor basándonos sólo en un cuento, incluso en una sola novela, tal y como te pasaba con Fuentes.
    Sin embargo, debo reconocer que en ese post (en el del lector) temo estar completamente de acuerdo con quien te dio «su oponión» de iletrada.

    • Es muy difícil no anatemizar porque tendrías que demostrar con un análisis textual por qué Houellebecq no sabe usar el lenguaje, y además, para ser justo, tendrías que hacerlo con el original de cualquiera de sus obras en francés; y ya la herramienta teórica, Estructuralismo, Deconstrucción o lo que quieras ya supone una elección paradigmática. Está difícil la cosa, ¿o sabes francés? Yo no me atrevería porque no sé. Prefiero mojarme y dejarme llevar por mi gusto estético. Es amplio. A lo mejor hasta me gustaría lo que tú escribe, por qué no, no soy de esos que lee a otros buscando los errores, por fortuna. 😀

      ¿Estás de acuerdo con que venga una lectora y me tache un manuscrito que le he dejado para leer, no para corregir? Pues vale, gracias por tu opinión. A ver si un día leo tu novela, seguro que eres la leche de bueno. Una abrazo. 😀

  • Como te comentaba, lo que leí de Houellebecq fue una traducción. Sé sólo el francés justo y necesario para conversar, no para apreciar una obra. Por eso me extrañó. Nunca me había pasado con su editorial española que no es precisamente de las malas. Podríamos analizarla en español, pero prefiero perder el tiempo en escribir.

    En cuanto a tu obra, pensé, por tu respuesta, que lo que te había molestado fue la opinión, no que la hubieran llenado de tachones. Siempre habrá lectores que sepan mucho de teoría y otros que no. Es una suerte tener la opinión del público ahí, sobre la marcha, y creo que es una de las bondades de Internet. Pretender que a todo el mundo le guste lo que hacemos, sabes que es imposible.
    Tener cualificación en teoría literaria no nos hace mejores ni peores lectores, en todo caso nos permite analizar obras teoricamente. Si tu lectora no la tenía, tenía su gusto.
    Desde luego, comparto que es una soberbia hablar sobre lo que no se sabe usando razonamientos que se oyeron al vuelo. Pero, imagina si te pasara lo mismo con un millón o dos o cincuenta millones de lectores: no todo el mundo puede entender lo que quisiste expresar, ni será capaz de reconocer toda la técnica (ni mucho menos el trabajo) que hay detrás y debajo de una novela, pero seguirán ahí.
    Lo ideal hubiera sido que comprase el libro: a partir de ahí, como si lo usa para un asadero y sus opiniones como salsa.
    Cuando se publique mi novela espero que la leas, sobre todo si ya piensas así 😉 Y nada de piratearla: mejor demenuzarla poco a poco.
    Gracias por tus respuestas.

    • A mí me pueden decir que escribo como el culo o que no les gusta lo que escribo. Si lo primero me lo dice alguien con criterio y que respeto su opinión, vale. Si lo segundo me lo dice cualquier lector, vale. Pero dentro de un marco de respeto. Creo que repetirme más en un asunto en el que he dedado mi postura clara es redundante. Puedes leer el comentario de Lucía sobre su anécdota, es exactamente eso. Todos somos diferentes así que las cosas nos afectan de forma diferente. No pasa nada.

      Tener menos conocimientos teóricos nos hace peores lectores. Leer a pésimos autores nos hace peores lectores, porque jamás tendremos un buen critero para saber valorar ni un libro. Ocurre con el arte en general. Yo mismo soy un lego en arquitectura, así que mis opiniones están basadas en conceptos propios sobre usabilidad, impacto paisajístico, etc., y con un poco de suerte, si es bastante antiguo, el estilo. Si es contemporáneo o de un Le Corbusier, ni de coña.

      Murakami, Roth, Pynchon y Houellebecq tienen, quizá Pynchon menos, ese aura de autores de culto y de éxito -no considero a Pynchon un autor de éxito, pero sí de culto-. Como los escritores somos competitivos es normal que se generen fobias, nos pasa a todos. Pero no sé si regalan el Goncourt a cualquiera. Lo que sí digo es que Houellebecq se lo hubiera merecido con alguna novela anterior ya que esta no me tiene convencido -La posibilidad de una isla tampoco lo merece, a mi juicio-. Hay autores que conectan, como un buen cuentacuentos de pueblo, da igual si repite las rimas en -ado o se lo aprendió de memoria y en realidad no improvisa. Funciona. Convencerte de lo contrario sería como convencerme de que Pérez-Reverte es escritor y no, como yo pienso, un guionista que novela sus guiones. Podríamos pasarnos horas.

      Bueno, he leído mucho, como tú, y si algún día me tropiezo con tu obra en una biblioteca -si donas a alguna biblioteca de Las Palmas, la Pública o la del Cabildo, por ejemplo-, lo leeré con mucho gusto. Pero no te mentiré: tengo una lista de obras contemporáneas y clásicas pendientes y que tengo la necesidad de conocer. Por ejemplo, me he leído La muerte en Venecia, La montaña mágica, Mario y el mago y Confesiones del estafador Félix Krull, e incluso el libro que escribió mientas viajaba, no recuerdo su título. Pero no me he leído los Buddenbrok, o como se escriba. De Dostoievski me he leído casi todo, salvo Los hermanos Karamazov; de Sthendal, me falta la Cartuja de Parma, y así con una larga lista a la que no le faltan poetas. Si un día escribiera la lista de libros leídos sería eterna, pero la de libros releídos sería asequible. Me falta más de la mitad del canon de Harold Bloom, por dejarlo claro. Esto no quita que te desee mucha suerte y mucho éxito con todo lo que publiques y sobre todo que deje algo, lo que sea. Esto es importante, a mi entender: una buena historia, un hallazgo en el estilo -lo leí de David Egger, me parece de genio conseguir novedades en este aspecto-, una estructura valiente, una vuelta con éxito a la segunda persona -jaja-, etc. Lo mío es escribir y seguiré haciéndolo y mejorando, es cuestión de tiempo que alcance mi voz propia, sobre todo con un profundo respeto por la profesión. Vivan los filólogos hispánicos: le oí una vez a Alexis Ravelo que una cosa es la técnica y la teoría y otra escribir una buena novela, y que los filólogos, pues eso, que no les tenía mucho aprecio, hasta que la periodista, amiga mía, le dijo en la entrevista que ella era filóloga hispánica, y entonces, por cuestión de educación, entiendo, se retractó aglo; pero no le diría yo lo que opinan ciertos profesores universitarios de su obra. A él no le importa y a ellos tampoco, pero con un análisis textual TODOS quedamos en evidencia. Si El Quijote tiene errores, teóricamente hablando, que es la novela de novelas, qué no tendrán todos los demás: la novela perfecta esa que llevan siglos buscando y que no existe, es el imaginario colectivo de los escritores.
      O que se lo pregunten a Poe, que escribía con un inglés de pena, pero de pena, cosa que casi nadie observa -salvo que te llegue una conferencia de un catedrático en literatura comparada y te diga: fíjate en esto, esto y esto-, atendiéndose a que escribió una teoría de la composición y a sus efectivas novelas, cuentos y creo que un solo poema que valga la pena, ya sabes cuál. Da miedo, los filólogos podríamos aterrorizar si nos dedicáramos a la crítica literaria. Así que por eso mismo tengo mucho cuidado con meter el dedo en el ojo ajeno, pues en el mío caben unos cuantos dedos. Aunque no me importa para seguir escribiendo, me importa por una cuestión de educación y respeto a la obra ajena. Un abrazo. Por cierto, yo publiqué en La Plazuela de Las Letras cuando estaba en el instituto, me cogieron para un par de poemas -qué vergüenza, por alguna parte los guardo y me temo que si los leyera sería una imitación de la poesía que me gustaba, como suele pasar en la adolescencia a los que no somos Rimbaud-. 😀

      • Desde: «A mí me pueden decir que escribo» hasta «ni de coña.», sin comentarios. Chapeau. O sea, primer párrafo.
        El segundo: pssss, acepto pulpo.
        El tercero, lo firmo. Tengo pendiente las obras anteriores de ese señor. De los demás ni me molesto.
        Con el siguiente párrafo (perdona que no ponga «desde y hasta») de acuerdo. Yo no dono mis libros, para eso están la editoriales. Dono los libros que he leído, no los míos, Mi ego no llega a tanto. Eres un buen lector, te pido que no lo demuestres en lo que escribes.
        Bloom es un inútil, execpto para hacer una lista.
        No opino de la obra de Alexis porque es mi hermano, y menos aún de sus opiniones. Ser filólogo no es ser escritor ni te lo garantiza. Lo que opinen los filólogos (y filólogas, que son la mayoría), importa un carajo. Periodista, menos. Ser correcto no paga mi renta. Padorno es mejor poeta (pésimo poeta rabeliano, Eduardo, claro, no Manolo) que teórico, lo cula no dice mucho de él como escritor. Como persona un encanto, como sabes; como profesor, imprescindible. (Nunca he estudiado, a todo esto).
        Los escritores hablan cuando no les queda más remedio. Si hablan mucho, escriben poco.
        Ya sé que te publicamos en La Plazuela. Tambíen deberías saber que nuestra premisa era no publicar a gente como los Padorno, porque ellos ya tenían sus espacios.
        Como bien dices, nadie resiste un análisis en profundidad, pero ¿fondo o forma?
        En todo caso, nadie resiste las palabras dichas en torno a la literatura que no son literatura.
        Tal vez estas palabras mías y estas tuyas sean un arma arrojadiza algún día. Por si las moscas, permíteme decir algo feo: Pérez Reverte.
        Gracias, again.

        • Pues claro que no lo garantiza. El talento no te lo garantiza ni ser filólogo ni protéstico dental.

          Lo de Alexis Ravelo no iba con segundas, me vino a la mente porque es, casi con toda seguridad, el autor canario más conocido si hicieras una encuesta en la calle. Hay gente que me ha hablado bien de Víctor Álamo de la Rosa, pero lo cierto es que no lo he leído. A Alexis sí, pero solo una colección de relatos que encontré en la biblioteca del cabildo y bueno. Una cosa que sí digo es que la envidia es muy mala y no entiendo esa gente que habla mal de él por el simple hecho de haber salido fuera y tener repercusión literaria. Pues se lo habrá ganado por su propio esfuerzo. Como solo leí unos relatos, por curiosidad, no dejo comentario crítico.

          Cuando hablas de Padorno, te refieres a Eugenio, porque al Eduardo no lo conozco. Ambos son buenos poetas, tanto Manuel, un genio, artista autodidacta, si eso existe, como Eugenio, un poeta críptico, oscuro en el sentido de hermético, con una poesía muy personal, muy culta, y en todo lo demás, persona y como profesor, un diez o un veinte. Fue un placer que me diera clases, que más que clases eran conferencias sobre teoría de la literatura, una gozada. De hecho, fue el primero que leyó mis relatos y me animó a seguir adelante. Tengo grabadas sus palabras: me gustó y me sorprendió, dijo. Es el mayor piropo que me han dicho en mi vida.

          Y por último, ¿cómo sabes que me publicaron en La Plazuela? 😀

  • Tienes razón: gran fallo mío cambiarle el nombre a Eugenio ;-(
    Con lo de Alexis lo mismo. Le ha pasado y le pasará a cualquier artista que destaque en Canarias. Y, tal y como dices, se lo ha ganado. El problema es que ser canario es ya de por sí un handicap, pero sólo en Canarias y así nos va. Les va.
    Y sé lo de la Plazuela porque lo dijiste y las conservo.

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