Literatura occidental: el artista como narrador de historias
No se puede negar que en la literatura occidental (escrita), a diferencia de la literatura no occidental (oral), se hace énfasis sobre todo en la creatividad individual y en la particularidad. Hockett considera esto como uno de los impactos que ejerció la escritura sobre la literatura. En las sociedades iletradas el artista es primariamente un narrador de historias que le transmitieron sus predecesores. En esas sociedades, como afirma Hockett (1958:563), “nadie puede estar familiarizado con más de dos o tres manipulaciones ligeramente diferentes de un solo tema… En una sociedad con escritura una sola generación tiene acceso a muchos tratamientos diferentes de un solo tema, tanto los creados por sus contemporáneos como los heredados de épocas anteriores… El escritor está forzado por la naturaleza de una tradición literaria para llegar a… lo único y diferente”.
Al discutir este aspecto, será util distinguir entre los términos convencional y tradicional. Se puede decir que este último implica una historia de aceptación de uso; se puede considerar al segundo en un sentido apartado de tales asociaciones históricas. Se puede hablar, entonces, de “convenciones tradicionales” y, quizá más redundantemente, de “convenciones convencionales” (es decir, convenciones no tradicionales). Esto se puede aclarar con referencia a la lingüística. Como ha señalado Sapir, es imposible la transmisión directa de ideas de una persona a otra. Estas ideas se deben convertir primero en símbolos por medio de un código compartido por hablante y oyente. En el caso de la literatura, uno de los tipos de comunicación verbal, existe, además del código lingüístico, un código literario, constituido en parte por las leyes de composición narrativa. La cuestión es que toda la literatura es “convencional”, es decir, utiliza convenciones, pero estas bien pueden no ser “tradicionales”.
Semiología del discurso literario, William O. Hendricks.
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