La vejez y la creación

Es cada vez más frecuente encontrar creadores, artistas, cuya actividad se mantiene o se acentúa en la edad madura, e incluso en la mal llamada tercera edad. En la música, por ejemplo, tenemos dos casos recientes: los Rolling Stones, que incluso apuntan a una gira, ya en los setenta años, la misma que el genial Bob Dylan, que saca nuevo disco. Hay una relación que se establece en el imaginario colectivo entre el genio y la edad muy llamativa, probablemente porque la vejez se va mostrando en la degeneración del cuerpo, y parece que todo aquello que salga de este tiene menos valor. O el valor añadido de «viejo» en su sentido más peyorativo.

Sin embargo, me parece que no pocos artistas mostraron obras soberbias en la edad madura. Clint Eastwood ha dirigido películas de un nivel maestro, bajo el respaldo de la masa crítica, en estas últimas décadas: ganó el Oscar con Million dollar baby con 74 años. Tampoco son escasos los escritores que han alumbrado obras geniales pasadas esas edades y lo mismo podría decirse en otras artes. Por ejemplo: Goethe publicó Fausto, la primera parte, con ¡58 años! Y no cabe duda de que es una de las obras maestras de la literatura universal. Pero hay otros ejemplos llamativos.

Ustedes dirán que, para ser justos, habría que decir que Cervantes escribió El Quijote con, aproximadamente, 31 años y que Ulises, de Joyce, se publicó cuando este tenía 40. Una hazaña prodigiosa la de ambos. Yo añadiría a esa verdad que Dostoievski escribió Crimen y castigo con 45 años… ¡y Los hermanos Karamazov con 58! Es preciso señalar, en estos datos, que siempre se habla de la edad de los autores en las fechas de publicación, pero que probablemente la gestación y elaboración de las obras sean de varios años antes.

Entre los autores contemporáneos, vemos que un rasgo postmoderno de la literatura actual es el ansia por publicar cuanto antes, mejor. Sin embargo, me da la impresión, al comprobar fechas, que las obras más importantes de muchos autores se gestan una vez concluye la década de los 40 años. Cormac McCarthy publicó Meridiano de sangre con 52 años, tal vez su mejor novela. Philip Roth es un autor complejo para establecer también su primera gran novela, pero podríamos establecer que fue El mal de Portnoy, con 36 años. Sin embargo, Pastoral americana, con la que ganó el Pullitzer ese mismo año, la publicó con 65. Miguel Delibes publicó Cinco horas con Mario con 46 y Los santos inocentes con 61, aunque sí que fue un escritor de talento precoz. Pero indica que, a esas edades, se mantiene y en ocasiones se acrecenta la calidad literaria. Rilke completó las Elegías de Duino a los 47 años. Iris Murdoch publicó El príncipe negro con 54 años… y la lista es interminable.

Hay muchos otros autores que desbancan esta teoría de que en la edad madura se escribe mejor. Por ejemplo, Camus escribió El extranjero con 29 años, y Gabriel García Márquez publicó Cien años de soledad con 40. Y para qué hablar de la precocidad de Arthur Rimbaud. Sin embargo, lo que sí se demuestra es que la edad no es un impedimento sino, en la mayoría de los casos, un apoyo fundamental para los creadores. Hay casos como el de Wordsworth, del que se dice que después de las Baladas líricas cayó en una esterilidad absoluta en su poesía. Sin embargo, en el caso del escritor parece establecerse una correspondencia entre la experiencia vital y la escritura.

Y no parece, si aplicamos el sentido común, una idea descabellada.

Imagen: pennaazure.wordpress.com/2010/04/06/el-retrato-de-dorian-grey.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

4 Comentarios

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  • Bueno, si nos basamos en tu teoría ¿Cuando tenga 60 años escribiré libros mejores? Ojalá sea así, pero hablamos de un tema un poco complicado. Hace 60 años los escritores generalmente basaban sus obras en la realidad que vivían y todos ellos escribían maravillosos libros gracias a que conseguían ir a la escuela y aprender en el peor de los casos lo básico para comprender la realidad.
    Si nos fijamos en profundidad, hoy en día, es igual pero el problema no es el mismo, todos podemos estudiar, por lo menos hasta los 18 años, la cuestión es que no se nos forma para aumentar nuestra capacidad creativa si no para poder leer, escribir y algo mas…
    La diferencia está en que antes no todos podían estudiar y aprendían con gusto, ahora desde pequeños nos obligan a ir a la escuela y hacen que no nos guste.
    Son generaciones diferentes, pero doy por hecho de que actualmente hay tanto jóvenes escritores como escritores con 80 años maravillosos.

    Un saludo Julio, me encanta tu blog 🙂

    • No: mi teoría es que no hay edad para escribir una buena obra, pero que la experiencia en la vida es fundamental para aprender cómo es la vida misma, y eso solo pasa con el paso de los años. Y que si escribimos sobre la vida, pues mientras más experiencia, mejor. Eso, como digo, no significa que no se pueda escribir un pedazo de obra como El Quijote en la treintena. Un besazo grande. 😀

  • Si hablamos de obras logradas, tienes razón, no hay ecuación que valga.

    Sin embargo ciertas obras van selladas de la edad de quien las escribió. Los Hermanos Karamazov y Fausto son claramente obras de madurez, retomando tus ejemplos. No veo un chaval de 25 años escribiendo eso.

    En cambio Werther es una obra de juventud –Goethe la criticaría severamente en su vejez- así como lo son Cumbres Borrascosas de Emily Brönte, Frankestein de Mary Shelley, o las obras poéticas de Rimbaud o Lautréamont. Son obras que respiran juventud por su frescura y exageración –en el sentido bueno de la palabra-. Acaso por su imaginación.

    Pero esto es otro tema. Si hablamos de “obras geniales”, cualquier edad es buena. 😀

    • Es un buen razonamiento el tuyo. Básicamente, creo que la experiencia vital ayuda muchísimo y suma más que otras cosas, pero claro, esto deja fuera a los buenos escritores porque sí, sin necesidad de salir de su ciudad o país. Hay de todo. Un abrazo. 😀

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