El curioso caso de Benjamin Button
Lo mejor de El curioso caso de Benjamin Button es Cate Blanchett, que está increíble -¿eso es novedad?. Lo demás, pura fantasía made in Hollywood, un intento de vuelta de tuerca de un argumento que parte como dicotomía de Cocoon: en vez de aspirar a la vida eterna, vamos a la juventuda eterna, pero sin freno y marcha atrás -como la obra de teatro de Jardiel Poncela-.
Brad Pitt, dicen algunas críticas, crea un personaje profundo y veraz. Yo sigo viendo a un guapito que ha adquirido la experiencia suficiente -como le sucede a otros como Richard Gere- para encontrar el punto justo de actuación y darle veracidad. Al menos esta vez no ha repetido los histrionismos, que ha ido desgranando en sus papeles informales, desde Doce monos, la maravillosa obra de Gilliam. Lamento decir que ofrece poco más.
La película pretende ser una fábula donde se desgranan tópicos universales: el amor que trasciende la vida, la eterna juventud, vivir el momento, etc. etc. No es una gran película -y muchos quedarán descontentos en la sala esperando algo más por sus nominaciones a los Oscars-, pero aguanta el tipo.
El curioso caso de Benjamin Button es una cinta construída por la maquinaria Hollywood para funcionar bien en taquilla, en los Oscars y, ya de paso, ver si a Pitt le conceden una estatuilla, porque si esperan a dársela por su trayectoria el Sr. Pitt puede quedarse en el sofá esperando al fin de sus días, como su alter ego Button.
En definitiva, una cinta sin más, llena de pequeñas historias, que resulta agradable pero lejos de la expectación despertada por… ¿hábiles campañas publicitarias?
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