Cuéntame tu pesadilla

Está todo oscuro; mis ojos duros no consiguen ver sino una trama densa que no tiene color. No veo mi mano extendiéndose, buscando a quien duerme a mi vera.

Estoy en la Avenida Marítima de la ciudad. Hay instalada una gran nave industrial, gigantesca y similar a una plataforma petrolífera, que se sumerge debajo de la autopista. En el exterior, los carriles, que siempre estuvieron ahí, con grandes focos sobre el asfalto, iluminando la escena.

En el interior, unos túneles gigantes, blancos, que se returecen hasta arriba,cuyas bocas están adornadas en tonos celestes fluorescentes, como si en vez de bajar toneladas de agua por ellos fueran el tobogán de un entretenido  parque acuático.

En una sala interior -pues saltan las escenas de dentro hacia afuera y vuelta hacia adentro como un universo de leyes físicas adecuadas a mi situación-, un amigo íntimo y una mujer junto a él. La escena no deja equívocos: sé, sin más, que es su novia. Está mucho más fuerte de lo normal, como si hubiera estado dos años haciendo musculación en un gimnasio.

Hay que tomar la decisión: escapar de la nave antes de que la masa de agua penetre por ella y nos ahogue a todos. Ya he estado ahí antes; he vivido esa escena diez o tal vez veinte veces antes; en unas pocas consigo escapar. Recuerdo una vez -porque este sueño tiene el don de quedarse marcado a fuego vivo en mi cerebro- en que logré escapar saltando por encima, como un Peter Pan que hubiera recuperado las ganas de volar, pero no es lo habitual.


Esta vez, como en otras, aparecen personajes: unos cuantos más, difuminados, que buscan escapar. Hay un tobogán pequeño que asciende desde un lateral, desde nos encontramos, visto que por la superficie no hay escapatoria posible; no hay hacia dónde huir. Sólo podemos estar ahí, esperando lo fatal. Un hombre pequeño, con rostro asiático, se atora en uno de los túneles y lo dejamos allí, convencidos de que no va a poder salir jamás, de que su suerte está echada.

Corremos hacia el túnel gigante que se encuentra al fondo, el gran túnel totémico, emperador de los raíles que se enroscan sobre él; nos observa como un ojo cuyo origen estuviera a muchos kilómetros adentro, dondequiera que esté su origen, dondequiera que esté la salvación. Dentro de la nave, o sala, o edificio, ya no se sabe, sólo queda aventurarse a subir, con la angustia de desconocer cuándo comenzará a brotar el torrente de agua que nos sepulte.

Miramos dentro; yo no subo, pero puedo ver dentro, comouna cámara de cine que se introdujera en él. El silencio es la única respuesta; el silencio y mis pensamientos. No, la sensación es obvia. No lo lograremos, el agua está aguardando a que comencemos el ascenso para atraparnos a la mitad del ascenso, o puede que incluso al iniciarlo. Subir por el tobogán blanco, cuyas paredes iluminadas y su boca de celeste fluorescente le da un aire muy extraño, como de juguete; mantiene la sensación irreal -tan real- de que fuera algo divertido; sólo que no era nada divertido saber que un segundo más allí nos llevaría a algo terrible, no necesariamente la muerte.

Tengo una sensación en estos instantes de indecisión, pues en los sueños te transportas por sensaciones y no por ideas: caminar no sirve de nada, pero las sensaciones extremas -odio, amor, miedo, furia, rabia, dolor- te hacen avanzar en este pequeño juego diabólico. Cojo a mi amigo y sin decirle nada realmente, entiende que debe seguirme. Subimos arriba, o mejor: pienso en que quiero subir arriba, y entonces estamos inmediatamente los tres, él, su novia cogida de su mano, y yo.

Veo que pasa un autobús en forma de tren. Tiene manecillas de metal en sus puertas, de esas que por dentro tienen una gemela, y pienso en cómo podíamos escapar de allí. Le digo, o mejor, sueño que le digo, que nos cojamos de las manecillas. Él no duda, y de su novia nada sé ya a partir de aquí. Se lanza a agarrarse, pero no veo a la novia con él: ha desaparecido de mi cámara.

Tengo miedo de que, al agarrarnos de las manecillas, con la velocidad del autotren, alguien pueda girarlo desde dentro y caer, y entonces ser engullidos por el agua torrencial, y morir, o caer desde él y volver al punto de origen, irremediablemente destinados a aguardar lo fatal, sea lo que sea, quizás algo peor que ser ahogados por un tobogán de parque de atracciones.

Sin embargo, algo parece salir bien. Por una vez, ya no despierto de mi sueño.

Me encuentro en una oficina diminuta, un compartimento estanco por el que se entra por una sola puerta. Tan sólo una mesa llena de papeles desordenados, carpetas, material de oficina amontonado, y una mujer joven detrás de ella, sentada, mirándome, mirando su carpeta, y encima de ella unos papeles en donde no entiende cómo hemos llegado hasta allí; mira y comprueba sus horarios, y no se explica lo que ha pasado; es como si la empresa que fabricara el sueño hubiera dicho que les hemos vencido, que saltamos las normas, que logramos vencerlos.

Me siento contento; entonces, el sueño parpadea. Entro y salgo de la habitación, como si me hubiera olvidado de algo, mientras en un microsegundo de sueño, que tal vez pudieran ser horas en la vida real, nadie sabe, ya no está la chica; ahora hay otra persona que la sustituye, como un espejismo de sueño, un espectro o fantasma, creo reconocer la cara de mi amigo o la de alguien terrible, calavérico, mirándome  fijamente, y entonces arrojo violentamente todo el alboroto de la mesa mientras grito «¡nooo, nooooooooooooo!», y caen al suelo las carpetas anilladas y los papeles se avalanzan sobre el fantasma, y la angustia se apodera de mi cuerpo y yo salgo fuera de la oficina y entonces estoy en una estación de tren, y allí parece estar alguien que me es familiar,  ¿mi amigo tal vez?, con una sudadera gris con capucha, de espaldas a mí, ¿es él o no? No podría asegurarlo… ¿Estamos muertos?

y entonces me despierto sobresaltado.

En los siguientes minutos el sueño comparte esos instantes que se tarda en cruzar la frontera entre sueño y realidad, y en el intermedio estoy dentro y fuera del sueño, de tal forma que no sé dónde estoy exactamente, y con el miedo en el cuerpo intento tocar y ver los recuerdos de las cosas que se le hacen familiares a mis recuerdos.

Aunque bebo agua fría en la cocina, no puedo evitar sentarme en el sofá, a oscuras. La persona que me acompaña me hace de guía y durante unos instantes se ausente; luego le pido que vuelva, asustado.

Digo en voz alta: no es justo, joder, no es justo. La angustia de haber sido engañado por el fabricante de sueños de una forma tan sádica me repugna, pero no será hasta varias horas más tarde que pueda pensar en el sueño con cierta lógica.

Son las tres y treinta y cuatro de la madrugada del viernes.

-¿Una pesadilla que habla del miedo a no conseguir un objetivo en mi vida? Demasiado obvio -digo en voz alta.

Luego me voy a la cama y me tapo.

De lado, medito durante muchos minutos, hasta que consigo cerrar los ojos. Mis pensamientos giraban en torno a esta idea:

Aunque pudiera escribir esta pesadilla, jamás conseguiría reflejar la angustia y la sensación de realidad que me produce. Sin embargo, hay algo que me inquieta mucho más: no sé si el mensaje de mi pesadilla, si es que las pesadillas tienen mensaje, es demasiado obvio para mí, que si fuera creador de pesadillas procuraría elevar el nivel del acertijo. Pero, qué coño: las pesadillas no se miden por los juicios lógicos de la realidad, y todavía no he leído ningún tratado sobre las reglas físicas de las pesadillas. Dicen que así fue como R.L. Stevenson creó la novela de Mr. Hyde y el Dr. Jeckyll, le digo a mi acompañante; y luego caigo en pensamientos cíclicos sobre mis temblores físicos y la sensación de verosimilitud.

Imagen: www.deepamusing.com.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

7 Comentarios

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    • @Alexander: Alexander, yo pensaba que mi pesadilla era gore, pero lo tuyo no tiene nombre, esos son pesadillas y lo demás tontería. ¡Un abrazo! 😀

  • Soñe en que yo estaba en una tienda de noche y en eso veo unos jarrones que se destruyen y detrás de mi escucho-warzaeeeee warzaeeee warzaeeee- y me volteo y esta una niña disecada sin ojos sin organos sin espalda con garras y dientes dev 20 cm de alto con sangre muy filudos y entonces me asusto y salgo del sueño.

  • Soñe en que yo estaba en una tienda de noche y en eso veo unos jarrones que se destruyen y detrás de mi escucho-warzaeeeee warzaeeee warzaeeee- y me volteo y esta una niña disecada sin ojos sin organos sin espalda con garras y dientes dev 20 cm de alto con sangre muy filudos y entonces me asusto y salgo del sueño pero despues oñe 2 pesadillas ,mas con la tipa pero vi a una cara flotante de 100 hijos y uno de ellos era ella.

  • Estaba en kmi colegio y vi zombis radioactictivos rapidos emntonces me fui al patio con Giacomo mi a migo y entonces unos tipos con metralleta vienenm y amanece entonces los zombies vienen y se comen a los tipos y yo y Giacomo nos vamos al costado y vemos un restaurant italiano y luego aparecemos en un bosque donde encontramos un papel tirado que dice sobre los zombies y luego de nuevo aparecemos en otro desierto don de empezamos a caminar y encontramos un ojo flotante de oro que desaparece y despues abro una puerta donde encuentro un parque y luego aparesco en la peluqueria con mi papá que le pide al señor que me corte y en eso m,ientras el señor me empieza a cortar el pelo escucho un grito y viene un zombie radioactivo comiendose a un soldado que despues mata a todos y termina el sueño.

  • Hola. Llevo 3 meses sufriendo pesadillas incesantes. Pensé que la peor parte la viví durante el año pasado, durante una semana del cual, repetí sucesivamente pesadillas en las que moría, cada una de forma distinta.

    Pero hoy ha sido algo distinto…
    Salía a mi barrio y el Sol aclamaba. Comencé a caminar y un grupo de corredores pasaba por mi lado. Luego un vagabundo cojo con una pierna de metal. Continué caminando y el dia se tornó gris. La gente estaba sucia, pobre, deforme y en decadencia. Recuerdo imagenes de personas cuyas partes del cuerpo se mezclaban con metal, atrincherandose y amarrandose a su piel. Miré hacia abajo y una de mis chanclas se habia destrozado. Entonces comprendo qe debo volver y camino hacia atrás, pero me caigo y surgen dos personas en mi ayuda.

    Despierto, pero no del todo. Algo negro intenta llevarme. Intento zarandearme pero no puedo y se que donde me lleva no es a ninguna pesadilla, he vivido demasiadas. Provoca que los parpados bajen un par de veces a pesar de mis intentos por evitarlo. Entonces me giro y lo agarro. Agarro a ese ser del cuello. Ese cuello era deformable, como si en su interior no hubiera nada que le diera sustancia. Apreto y apreto hasta que la fuerza que ejerce sobre mis parpados se desvanece y entonces acaba.

    Así he acabado contemplando la habitación a oscuras. Lleno de terror. He vivido muchas pesadillas pero en esta había algo que la ha hecho distinta. Algo negro, cuyo cuello era deformable, pero el cual ha dejado irritadas las palmas de mis manos al agarrarlo, y que oprimia mis parpados, ahora ellos, con rasguños.

    • @S13RP3: ¡Hola! Pues vaya, qué pesadilla más vívida cuentas. Tiene toda la pinta de ser un rato muy desagradable, y desde luego que la parte del cuello, pero también suena muy literario y casi parece un relato. El mío creo que también lo parece porque sin querer escribo así, pero puedo prometer y prometo, como decía el ex presidente de gobierno español Adolfo Suárez, que es horrible esa pesadilla y que me da pavor volver a tenerla. Gracias por compartir la tuya. 😀

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