Por sus títulos los recordaréis

No puedo dejar de maravillarme por los estupendos títulos que ponen muchos escritores a sus libros -y dejo de lado la cuestión de la ayuda de la editorial; ¡déjenme ser romántico!-.En un primer grupo, los títulos son suficientemente poderosos como para estimular la oxcitocina de nuestro cuerpo y querer leerlo. El título de un libro, como bien sabe, no es una cuestión menor, mi querido Watson. Sin embargo, como la manida cuestión sobre la gallina y el huevo, el contenido del libro es, en muchas en ocasiones, lo que le da esa apariencia de maravilloso al título. En este segundo grupo pondría títulos como La muerte en Venecia, de Thomas Mann, que no es nada del otro mundo, y El lobo-hombre, de Vian, que no deja de ser un título de cuento mediocre a lo E.T.A. Hoffman -y no como los de Hoffman que son una maravilla-. El de mi libro, A través del espejo, se encontraría en un tercer grupo titulado: ¿pero no sabe que ese título ya está cogido? La verdad es que me parece que la relación entre los cuentos del libro y el título es tan estrecha que me resistí a cambiarlo a pesar de tener a Carroll mirándome desde muy arriba.

Y eso sin contar libros estupendos a los que hubiera convencido al autor de cambiar el título. ¿Duermen los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick es ingenioso pero suena a chiste…y ¡es demasiado largo! O eso le hubiera dicho si me lo hubiera preguntado en 1968. El árbol de la ciencia nunca se hubiera editado bajo mi autorización y hubiera luchado con Pío Baroja para convencerle de que suena a libro de texto de enseñanza básica. Son ese tipo de título que el departamento de márketing de una editorial propondría sustituir por otro. Ya veo a la editora comentándole a los autores de ir a cenar porque las malas noticias, con la barriga llena, son menos.

Antes de comprar una novela, me gusta informarme sobre el autor. Pero en eso no hay misterio, he descubierto; en saber lo que puedes encontrar. La única forma de conocer estilos y propuestas diferentes es arriesgando, no solo por el boca a boca. De las bocas suele brotar lo más comercial, así que hay poco que rascar ahí. Hay novelas, por tanto, que me ha apetecido comprar o leer simplemente por el título, así que en ningún momento quiero negar la evidencia: que el título es sumamente importante. Y la portada. Triste, como dijo Iriarte, pero cruelmente veraz:

Manos a la labor. Libros curiosos,
modernos y antiguos,
mandó pintar, y a más de los impresos,
varios manuscritos.

El bendito señor repasó tanto
sus tomos postizos,
que aprendiendo los rótulos de muchos
se creyó erudito.

¿Pues qué más quieren los que sólo estudian
títulos de libros,
si con fingirlos de cartón pintado
les sirven lo mismo?

Fragmento de El ricote erudito, Tomás de Iriarte.

El método es investigar en un par de librerías, las que suelo visitar. Me tomo mi tiempo, doy varias vueltas. ¡Ah, mira!, me sorprendo, ¡la nueva de Paul Auster! O cualquier otro, da igual, son los clásicos contemporáneos. Echo un vistazo a los clásicos universales que suelen reeditarse; algún día leeré tal novela, que la tengo pendiente, pienso… Y de repente me detengo en una de esa novelas de una editorial como Lengua de Trapo, Valdemar o Anagrama; a veces, sin embargo, encuentro editoriales de las que soy incapaz de recordar el nombre. Y encuentro a un autor checo desconocido. Hojeo las primeras páginas con velocidad: sí, sabe escribir. Tiene estilo. Hay intención en contar algo. No sé lo que resultará, pero puede que valga la pena echarle un vistazo. Lo anoto en mi moleskine -¡desde que soy escritor llevo, por si un despistado me para y me pregunta y no se lo cree: mire, mire, si llevo conmigo un moleskine, le diría!- y, a veces, lo compro de forma compulsiva.

Si fuera rico los compraba todos.

Pero entonces pienso en los tres o cuatro comprados y sin leer en mi mesilla de noche, en mi manía de releer a este o aquel según sobre lo que esté escribiendo, y no lo compro y lo pospongo -porque ya serían cinco o seis y a ese ritmo no acabo nunca: aguardo a leerme esa cola de pendientes y entonces voy sumando otros tantos; en vez de leer, reconozco que engullo: me doy atracones de lectura-. En otros periodos paso por momentos compulsivos y me compro siempre un libro cuando entro a una librería, así que a veces me impido entrar no sea que… Y sí, miles de títulos pasan por mis ojos, títulos que parecen contártelo todo, títulos sugerentes, ¿cómo se le ocurró a aquel un título tan bueno?, y sabes que muchos de ellos tal vez solo sean pistas, equívocas o acertadas, sobre el contenido total. O hacen referencia, más sutilmente, a un detalle concreto. Corazón tan blanco, de Javier Marías,me pareció siempre un título envidiable.

Me influye mucho leer a uno u otro autor cuando escribo y tengo cuidado de no leer a algunos que sé que me harían cambiar el estilo de mi novela. Soy camaleónico -no sé si le sucede a otros escritores- y me llena su mundo y su prosa. Autores tóxicos como los del boom hispanoamericano -García Márquez, Cortázar, Fuentes, etc.-, Kafka, Houellebecq, Conrad, determinados ensayistas, autores como Camus, Sartre, etc. Hay autores poco indicados para leer mientras escribo y a algunos los detecto. Otros da igual que los lea o no: aparecen y desaparecen.

Así que la pregunta es: ¿qué título poner a mi novela? Y dos: ¿cuáles son tus títulos de novelas favoritos? ¿Recuerdas algún título peculiar? ¡Me encantaría saberlo!

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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