Lo que difiere de nosotros
En cierto sentido, tenía razón en esto, pues si no hubiera ido al malecón aquel día, si no la hubiera conocido, no se habrían desarrollado todas estas ideas (a no ser que se desarrollaran con relación a otra). Me equivocaba también, pues ese placer generador que encontramos, restrospectivamente, en un bello rostro de mujer, viene de nuestros sentidos: era muy cierto, en efecto, que esas páginas que yo escribiera, Albertina, sobre todo la Albertina de entonces, no las habría entendido. Pero precisamente por esto (y es una indicación para no vivir en una atmósfera demasiado intelectual), precisamente porque era tan distinta a mí, me fecundó con el dolor e, incluso, al principio, con el simple esfuerzo por imaginar lo que difiere de nosotros.
En busca del tiempo perdido, 7. El tiempo recobrado, Marcel Proust.
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