Las aventuras de Chloé II
Los cromados habían hecho furor el último verano, así que aparecían, en un alarde de aburrimiento, en las largas filas de coches del aparcamiento subterráneo. No se escuchaba un ruido; si avanzamos desde la salida y nos adentramos sin miedo en la garganta, pues ya está avanzada la madrugada, escuchamos el frotar chillón de los neumáticos contra el cemento, casi[…]
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Chloé, una pelirroja a la que la naturaleza le había dibujado una sonrisa tan acaramelada como la de Regina Spektor, balanceaba graciosamente un pierna sobra la rodilla de la contraria, ensimismada en esas rutinas enojosas de su cotidianidad. La devolvió al mundo real el tintineo de la cucharilla contra la taza que depositó el camarero en su mesa. Miró aquella[…]
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A toda la gente que me quiere, decirle que la quiero; a toda la gente que aún no me quiere, decirle que ¡estamos a tiempo de llegar a querernos!; a toda la gente que aún no me conoce, decirle ¡que pruebe a conocerme!; a toda la gente que aún no conozco, interesante o medio pensionista, rubios o morenas, hippys o[…]
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