Historia natural de mi gilipollas – II

Desde la adopción de Long John Silver, mi vida social ha aumentado. Salir es una obligación y también un goce. Ahora, me reúno con amigos en sus casas o en la mía para que nuestros gilipollas convivan (Troya, Jacinta, Tristán y Dorotea son sus amigos: auténticos nombres de gilipollas); en los restaurantes como en La Gloria o en La Garufa me atienden mejor (“¡qué gilipollas más guapo!, señor”); me emborracho en el Tea Gallery mientras se sube a la barra y baila como un verdadero gilipollas; a veces aprovecho el 2 x 1 en El Cafeína (único lugar con “Dumb” bar); desayuno en el Starbucks y si nos gana el antojo, nos echamos unos tacos en El Califa: cuando invito yo –la menos de las veces- elijo los más baratos, pero cuando paga él nos damos unos atracones y siempre elijo de todo –zumo de frutas tropicales gigante, tacos especiales Big Taco, papas fritas a la casera con todas las salsas, postre helado- aunque no tenga hambre. Ya hay que ser gilipollas, pienso, y eso me reconforta.

No todo ha sido color de rosa, las discusiones en algunos sitios en los que le niegan la entrada me ha hecho reflexionar sobre la falta de cultura gilipollezca existente en el país, en contrapunto con Inglaterra, por ejemplo –todo el mundo sabe que los ingleses tienen una rancia historia de gilipollas que parte de los tiempos míticos del Rey Arturo-, donde después de proyectar la película Titanic verificaron que no se hubiera lastimado emocionalmente a ningún espectador volviéndolo gilipollas y donde se respetan los derechos de los gilipollas vigentes desde aquel ya legendario juicio al gilipollas Puppy Doddy, en 1870 en el estado de Missouri, Estados Unidos.

Puppy trabajaba en una ferretería y como era muy olvidadizo el dueño le mandaba a los recados haciéndole cantarlos con una melodía pegadiza. Puppy tenía que repetirlos tres veces antes de ir a realizar sus recados. Pero el pobre Puppy, justo el día que vencía el aval del banco, llega a última hora a la sucursal con el sobre del dinero y sólo pudo tararear la musiquita, así que se queda tarareando como un gilipollas al cajero desquiciado (“qué quieres, te repito que estamos cerrando, Puppy”) y el pobre Johnny Rorlan perdió su negocio de tres generaciones de Rorlan.

Aquí tampoco existen crematorios exclusivos para gilipollas –también son humanos- como en Alemania –unos adelantados- ni cementerios para gilipollas (sólo los jardines de las casas o los virtuales en Internet), pero eso sí, la Federación de Gilipollas Canaria busca “el mejoramiento de las razas puras”, nada de gilipollas corrientes ni de dudosa procedencia. Esa preocupación no ha evitado el tráfico clandestino e incluso se sospecha que las mafias se lucran aún más que con el juego ilegal: además, son muy demandados por las burocracias de los gobiernos y no pocos ocupan cargos en que sus decisiones afectan a millones de personas. Por el mundo, desgraciadamente, viajan cientos de miles sin ningún control policial, y es muy probable que usted se haya tropezado con alguno y hasta puede que, en una burla del destino, haya mantenido una animada conversación con él sin saber que se trataba de un auténtico gilipollas. A pesar de estos contratiempos, mi vida con Long John Silver me ha dado múltiples satisfacciones y, sobre todo, la oportunidad de ser una hombre sofisticado.

En resumen: mi gilipollas no es tan conocido en el mundo intelectual como el de Vargas Llosa –que se toma la libertad de sustituirlo en las conferencias- ni tampoco en el mundo político como lo fue el gilipollas xenófobo de Hitler; se da en estos casos que los historiadores especializados decontructivistas -véase Historia Natural de los Gilipollas, tomo XXI, pp. 123-456- confunden a veces al mismo gilipollas con su dueño, pero se sospecha que son deslices premeditados de estudios poco rigurosos y maniqueos. ¡Y así me lo han contado!

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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