Alimentación y sostenibilidad
¿Nos preocupamos por la calidad de nuestra alimentación? Y siendo así, ¿somos egoístas pensando en nuestro bolsillo porque desconocemos que puede existir una relación sana y equilibrada entre los productores y nosotros, el consumidor final? Todas estas cuestiones, y otras tantas, las estuve meditando hoy mientras recorría en el Recinto Ferial de Las Palmas de Gran Canaria la feria “Gran Canaria, un mercado único”.
Los que han acudido alguna vez a este tipo de ferias en su comunidad conocen bien que se trata de un lugar para comprar y degustar productos frescos y elaborados, así como para promocionar determinados artículos. Se encuentra de todo en estas ferias: fruta, verduras, aceites, vinos, pan, repostería…
Precisamente en el puesto donde saqué esta foto, comentaba el dependiente -que, por las fotos que había tras de él, parecía uno de los dueños de la explotación agrícola- que ellos vendían sus productos directamente del campo al consumidor, y que estas ferias eran una gran oportunidad para dar a conocer sus productos. Entre otros factores, porque sus precios finales eran sensiblemente más baratos por una razón que he estado escuchando toda la vida -consecuencias de tener un abuelo agricultor-: el gran beneficio que obtienen los intermediarios.
El asunto es el de siempre, decía el joven explicándolo a unos clientes: sin intermediarios, yo obtengo un precio justo por mi trabajo, y los consumidores un precio justo también. Mi abuelo me lo explicó así:
El problema es que yo tengo una cosecha de limones que sale tanto el kilo, pongamos que lo puedo vender a 60. Entonces viene un señor y me dice: mire, todo esto que tiene usted yo se lo compro a tanto, vamos a poner 45 céntimos el kilo. Yo traigo los camiones, dice el señor, le recojo esto pero yo se lo pago mensual. Y lo mejor: tenga usted o no cosecha, yo se lo compro. Así que todo el año no tiene que preocuparse de nada, porque si hay mala cosecha o no yo le pago igual.
Claro, dice mi abuelo, este es el abuso. Yo sé que tenga una buena cosecha o no, a mí me van a pagar igual, aunque lo que vaya a ganar sea menos de lo que ganaría llevándolo a un comercio. Ese es el benficio del intermediario: ellos luego le dicen al de la tienda, mire, yo le traigo estos limones a un euro, el comerciante, que ya tiene un producto caro, ¿cuánto le pone? Pues poco, porque el cliente no va a pagar una gran cantidad, así que pone los limones a 1,20€ para ganarse 20 céntimos por kilo. Este es el abuso de los intermediarios: yo me gano 45, el de la tienda 20 y el intermediario saca 55. Y esto poniéndonos en productos de temporada y que haya excedente, así que el precio baja; si no es de temporada o hay pocos, y yo tengo buena cosecha pero muchos otros no, pudiendo yo venderlo a el doble si no hubiera hecho el trato, el beneficio del intermediario es tremendo, porque a mí me sigue pagando los 45 céntimos de siempre. Pero, amigo, el hambre es muy negra, y hay que comer, y el trabajo del campo es duro, y más vale pájaro en mano que ciento volando; el agricultor solo entiende que su familia tiene que comer, y al menos no perder dinero, con eso ya se da por contento. Y yo lo sé porque he sido agricultor, he tenido tienda, y nunca he sido intermediario -y aquí mi abuelo se ríe-.
Se está intentado en las Islas, a pesar de la presión de los intermediarios -grandes supermercados y almacenes, distribuidoras, etc.-, crear puntos de venta directa para estos agricultores: de la huerta a la nevera, podría decirse. Todo son ventajas, pensándolo bien:
- Defensa de lo nuestro, por más demagógico que pueda sonar este argumento.
- Sostenimiento: precios razonables, precio justo por un trabajo justo.
- Menos dependencia del exterior; abogar por agricultura sostenible.
- Un trabajo digno y no según las directrices del mercado.
- Exigencia de un producto final de calidad y un precio final sin “inflación” para el consumidor final.
- Mimo de nuestra identidad cultural y pervivencia de técnicas artesanales tradicionales.
Este dinero, además, que uno da a los agricultores y artesanos de nuestra tierra, no va a parar a multinacionales de la alimentación, sino que regresa al caudal de Canarias, fortaleciendo el tejido productivo y, además, fortaleciendo la sostenibilidad de nuestras tradiciones y nuestra identidad, porque también forma parte de una cultura la alimentación, eso que ahora se llama la gastronomía, aunque no sea lo mismo una cosa que la otra.
Yo espero que estas iniciativas se vayan instalando en nuestra tierra, que los políticos -bueno, en estos deposito muy poca fe- apoyen estas iniciativas y no se dejen arrastrar -menos fe aún- por las presiones de las grandes corporaciones y superficies.
No sé si la expresión “consumo responsable” tiene algún sentido, pero desde luego que forma parte de nuestra responsabilidad como consumidores y de nuestra conciencia de en qué comunidad vivimos la de intentar apoyar, en nuestra medida, a estas iniciativas de venta directa porque, entre todos, ganamos, no solo nosotros como consumidor final, sino como anclaje de una cultura y de una calidad alimentaria de primer nivel. ¡Ay, qué rico ese aceitito virgen de Santa Lucía, y ese pan de huevo artesanal, ñam ñam qué rico esas lechuguitas de distintas variedades, y ese bienmesabe, pero qué bien me sabe! 😀
Vale que no pasa siempre, pero mire usted. Estábamos comprando aceite y nos dice el señor dependiente junto al mismo: sí, en efecto, por allá hay un puesto de aceite también de mi zona ¡Y que esta es la última que me queda por vender!. Al final compra la última botellita de aceite, y le dice el señor: mire, como les veo a ustedes aceiteros y que pregunta por la otra, la voy a llevar y le voy a decir a las chicas que vienen de mi parte y que les gusta comprar aceite de Santa Lucía, para que les haga un precio. Y va el señor y nos lleva y le dice a las señoras del otro puesto de aceite: mira, que son buenos clientes, que viene ncomprando aceite del nuestro, trátamelos bien.
Que no pasa siempre, pero con estas gentes siempre me pasa. Que la buena gente, cuando tú cumples, ellos cumplen: lo que ocurre es que tendemos a hablar más de los malas anécdotas que de las buenas, porque pensamos que las buenas nos las merecemos.
¡Y el que lo quiera coger, que lo coja! 😀
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Razón la tienes y justa. A Canarias le pasa algo, y es que con playas y sol no comemos. Nuestra calidad de vida no es tan buena como nos hacen creer. El dinero del turismo entra bastante y bastante se escurre…. pero aqui se queda bien poco. Algo pasa en Canarias … que no se vive tan estupendo como parece. Todo más caro!! Quien es el asesino de nuestras islas? Sostenibilidad si si por favor … para Canarias hace mucha falta alimentación directa chachi, para muchas familias que están pasandolo muy mal pero que muy mal. Pero amigo, el lobo siempre acecha y don dinero es poderoso y el pez grande se come al chico. Espero que properen estas medidas tan positivas para todos. Un besoton 😀
Ojalá se cumpla lo que dices de las familias, Almogrote. Hay que echarse algo a la boca y cuando la nevera está vacía la gente no entiende de derechas, izquierdas o revoluciones. Lástima, en este siglo espero que toque alguna pero para bien. ¡Un besote! 😀
Es una iniciativa genial, espero que prospere si la cosa está como decís ojalá prospere…además seguro que las cosillas son riquísimas…y ese aceitito que por aquí no tenemos :(, ummm qué rico. Suerte
Sí, debería ser una iniciativa nacional, tal y como está el patio. No sé cómo funciona el asunto fuera, supongo que por un estilo. En el sur, Jaén, y demás sitios, tienes unos aceititos riquísimos también. ¡Besote, pequeña Matrioska! 😀