La mcdonalización de la sociedad

No es un libro nuevo, ni hace poco que lo leí: pero encuentro que cada vez se ajusta más al entorno del mundo en el que vivo. La mcdonalización de la sociedad (George Ritzter, Barcelona: Ariel, 1996) , es una crítica acertada, inteligente, de un modelo empresarial que se convierte en paradigma de la vida ciudadana y del consumo. Imprescindible.

El éxito del producto McDonald’s ha sido saber dar, en su momento, un pa­so más en la organización científica de la producción en cadena (taylorista y fordíana) incorporando a la industria de la producción de objetos la pro­ducción de apetencias -la comida como primer ensayo (fastfood y icefo­od)- pero también, posteriormente, la escenificación del consumo (malls y centros comerciales), del ocio (viajes organizados), del espectáculo (Hollywoodlandia o Disneyworld), de la cultura envasada (cataloguismo) y, por fin, de la vivienda como producto -y bien- común. En todos los casos el acierto radicaría en saber fundir, tras un concepto de gran consenso (la noción de «producto garantizado»), cuatro preestablecidos fácilmente asumibles

como apriorismos básicos (o garantías aparentes): eficacia (relación directa entre apetito y satisfacción), rentabilidad (un producto aparente­mente bueno, más barato), previsibilidad (una imagen identificable, reco­nocible, familiar) y control (orden, repetición y convincente asepticismo).» Sería éste un fenómeno insertado de lleno en los mecanismos de la socie­dad de consumo y, por tanto, sujeto a patrones comerciales proclives a la generalización -y trivialización- de los mensajes: lugares comunes de vocación universal (la nostalgia de lo rural, la caricatura del bienestar, la evocación de lo atemporal…) dirigidos a lo más arraigado, estable y per­manente del imaginario colectivo. Códigos sorprendentemente compartidos a escala planetaria por una ne­bulosa clase media, que habría convertido sus afanes en un «elemental y abstracto sistema de ideologías», tal y como proponía Roemer van der Toorn. Ello tendería a favorecer, en efecto, lo que se vendría manifestando como una «pseudocultura del consenso y de la aceptación» convertida en valor seguro de consumo. Una «pseudocultura» institucionalizada -o acep­tada- que acabaría incidiendo en numerosas producciones y transforma­ciones físicas de nuestro entorno y nuestras ciudades, acordadas a la apa­rente estabilidad de unos códigos asumidos que, sin embargo, deben medirse hoy a su vez con una situación de cambio acelerado. Quizás la mayor paradoja de nuestro momento actual sea comprobar cómo esa progresiva conciencia de un escenario de cambio -en sus manifestacio­nes cotidianas y tecnológicas y en los comportamientos que éstas animan­ conviven, en efecto, con escenarios, experiencias, con comportamientos o iner­cias conocidas antropológicamente como «lentas»: rutinas, códigos, tradi­ciones, hábitos, satisfacciones atávicas que enfrentan, como probablemente en ningún otro momento de nuestra historia, lo ensayado y lo innovador, lo atávico y lo fresco, lo aceptado y lo insólito, lo conservador y lo nuevo.

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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