CategoríaLiteratura

1
¿Tienes el don de la lectura?
2
Escribir o no escribir, he ahí el dilema
3
Autopublicación: ¿literatura pobre y trash-food?
4
¿Qué leer? El canon de Harold Bloom
5
La insoportable levedad del kitsch

¿Tienes el don de la lectura?

El don de la lectura, como lo he venido denominando, no es muy corriente ni, en general, muy bien comprendido. Consiste, en primer lugar, en una dotación intelectual de amplias miras (quizá debería llamarlo una gracia innata) a través de la cual un individuo llega a comprender que ni tiene siempre la razón ni aquellos de quienes disiente se hallan[…]

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Escribir o no escribir, he ahí el dilema

Dijo Philip Roth que dejaba de escribir. Al poco se sumó otro autor, al que no he tenido el placer de leer, uno de esos premios Nobel de los que nunca he oído hablar en los medios o en las tertulias, Imre Kertesz. Al respecto de no volver a escribir jamás, estas declaraciones de Muñoz Molina me parecen de lo[…]

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Autopublicación: ¿literatura pobre y trash-food?

¿Eres escritor y te autopublicas? Yo me he autopublicado. Fue una selección de textos de este blog, en 2012. No me fue mal, para ser la primera venta y, lo más importante: no tengo ni la más remota idea de márketing. Tampoco hubiera imaginado, ni por asomo, la cantidad de autores que se autopublican y, por tanto, llenan la red[…]

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¿Qué leer? El canon de Harold Bloom

Harold Bloom, uno de los críticos literarios representativos de nuestra época, como lo fue en la suya T.S. Elliot, crea su canon: el conjunto de obras centrales para la literatura occidental. Si bien es cierto que faltan obras en lengua española, el canon es lo suficientemente vasto e interesante como para necesitar más de una vida para leerlo todo. Y[…]

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El kitsch según Kundera...

El kitsch según Kundera…

¿Cómo sabía aquel senador que los niños son la felicidad? ¿Acaso podía ver sus almas? ¿Y si en el momento en que desaparecieran de su vista, tres de ellos se lanzaran sobre el cuarto y empezaran a pegarle? El senador tenía un solo argumento para su afirmación: sus sentimientos. Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga. En el reino del kitsch impera la dictadura del corazón. Por supuesto el sentimiento que despierta el kitsch debe poder ser compartido por gran cantidad de gente. Por eso el kitsch no puede basarse en una situación inhabitual, sino en imágenes básicas que deben grabarse en la memoria de la gente: la hija ingrata, el padre abandonado, los niños que corren por el césped, la patria traicionada, el recuerdo del primer amor. El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lágrima dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped! Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch. La hermandad de todos los hombres del mundo sólo podrá edificarse sobre el kitsch.

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera

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